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Grandes maestros de la tipografía: Joaquín Ibarra y Marín

Enviado por el Sábado, 7 septiembre 20025 Comentarios

«Todas las estampaciones de Ibarra, aun las más ricas y soberbias, no son aparatosas, sino sencillas y tan correctas que en ellas se puede ver una muestra del arte tipográfico español del siglo XVIII en todos sus aspectos.»

.El libro español tiene, en el siglo XVIII, un tratamiento especial a través de tres grandes talleres: el de Antonio Sancha, la Imprenta Real, Benito Monfort y el de Joaquín Ibarra, siendo este último el más importante.

Joaquín Ibarra y Marín nació en Zaragoza el 20 de julio de 1725. Durante su juventud residió en Cervera (Lleida), donde a la sazón su hermano Manuel tenía a su cargo desde el año 1735, como primer oficial, la Imprenta Pontificia y Real de la Universidad. En ella alternó su aprendizaje tipográfico con los estudios, llegando a dominar el latín como los hombres doctos de su época.

En 1754 se trasladó a Madrid, donde conquistó universal renombre con el taller de imprenta que allí instaló. Fue un notabilísimo innovador, suya fue la idea de satinar el papel impreso para quitarle la huella de la impresión, así como la modificación del empleo de la V como U, y el de la S larga como F, que por tradición se utilizaban hasta entonces. Las tintas utilizadas por Ibarra eran de una calidad y brillantez excepcionales. Se decía que empleaba una fórmula especial y secreta inventada por el.
Cuando no existía todavía una unidad de medida para la composición de la plana, Ibarra tomaba las medidas del ancho de la misma a emes justas de parangona, que equivalía al moderno cuerpo 18, adelantándose, por tanto, a Didot y Fournier, creadores del punto y del cícero respectivamente.

Según cuentan aquellos que le conocieron, Joaquín Ibarra era exigente en la admisión de oficiales y no recibía muchacho alguno como aprendiz si no conocía regularmente por lo menos la lengua latina, además de ciertas nociones de cultura general. El mismo examinaba a oficiales, prensistas y cajistas.
Retribuía bien al personal; no le agobiaba poniéndole mucho quehacer, pero sí requería gran esmero en el trabajo. Corregía, enmendaba, aconsejaba,…; ser operario de aquella casa era en toda España, motivo de orgullo.

En el taller de Ibarra solo había 16 prensas para la impresión, pero sus operarios pasaban de ciento, algunos notables pintores y grabadores, como Salvador Carmona y Mariano Maella. Las estampaciones de Ibarra se distinguen por la nitidez de impresión y vigor de la tinta. Todas ellas, aun las más ricas y soberbias, no son aparatosas, sino sencillas y tan correctas que en ellas se puede ver una muestra del arte tipográfico español del siglo XVIII en todos sus aspectos.

Fue en su taller donde germinó la idea de escribir metódicamente las observaciones técnicas y elevarlas a reglas, dando lugar después en 1811 a la publicación del primer manual de tipografía española, titulado Mecanismo del Arte de la Imprenta, escrito por el regente de la Compañía de Impresores y Libreros del Reino, don José Sigüenza, discípulo que fue de Ibarra.

Su taller madrileño estuvo abierto hasta 1836 y se calcula que en ese periodo salieron unos 2.500 libros, aunque sólo se han localizado la mitad. Su obra más famosa es la Conjuración de Catilina y la guerra de Yugurta, de Salustio (1772). Se hizo una tirada especial de 120 ejemplares, para obsequio de los miembros de la Familia Real y otras personalidades españolas y extranjeras, que sirvieron para que se conociera el arte de Joaquín Ibarra fuera de nuestras fronteras.
También le dio gran fama la impresión del Quijote, por encargo de la Academia, en honor a Cervantes, terminado en 1780. Cuando el libro fue terminado, se presentó a Carlos III, que reunió orgulloso a todos los embajadores extranjeros.

Cuenta una anécdota que el rey Carlos III, visitante asiduo de su imprenta, le preguntó en cierta ocasión, que cómo era posible que su obra, tan bien impresa, necesitase fe de erratas; a lo que contestó el maestro: “Señor, no es obra perfecta la que carece de tal requisito”.

Otras obras de Ibarra son la Historia general de España, de Juan de Mariana (1780) dos tomos en folio y a dos columnas; la segunda edición del Viaje de España, de Antonio Ponz, dieciocho tomos en octavo impresos entre 1776 y 1794; Paleografía española (1758); Historia de las plantas (1762); el Breviarium Gothicum Secundum Regulam Beatissimi Isidori (1775); y la Biblioteca Hispana Vetus e Nova, (1783-1788), en cuatro volúmenes. Joaquín Ibarra y Marín falleció en Madrid el 13 de noviembre de 1785.

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