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La portada, por Oliver Simon

Enviado por el Miércoles, 26 enero 20055 Comentarios

La portada, aparte de cumplir su función de anunciar el tema o nombre de la obra y su autor, da al libro el tono general de su tratamiento tipográfico. Cuando un amante de los libros manipula un tomo nuevo lo abre instintivamente a la portada, listo para recibir una sensación de deleite o decepción. ¡Imagina un día en el cual no existiera una portada! No obstante los primeros libros impresos no la tenían.

Los primeros impresores seguían servilmente las tradiciones de los escribanos y calígrafos en cuanto a la colocación detallada del texto del libro. El escribano cogía su hoja de papel o pergamino, escribía el nombre del libro en la portada y, dejando la primera hoja en blanco, enseguida empezaba a escribir en la parte superior de la segunda página. De hecho, cuando el nombre del libro se había escrito en la cubierta del pergamino no parecía haber necesidad de repetirlo dentro utilizando una pagina entera. El escribano empezaba su copia con un párrafo preliminar, el cual contenía el nombre o sección del libro, o empezaba directamente con el texto. El segundo método era el más usual, dado que el autor generalmente añadía unos detalles sobre la naturaleza de la obra y la fecha y lugar en que se completó, costumbre que en su momento fue copiada por los calígrafos y luego por los impresores.

Las primeras portadas parecen haber nacido de la pura necesidad que surge de la multiplicación de libros impresos. Era imperativo que el público viera el título de un libro a primera vista. Es más, en cuanto los impresores del periodo incunable ganaron confianza adoptaban un escudo de armas como marca del orgullo que tenían por su obra. Estos escudos se ponían al principio en la parte de abajo del colofón, luego, cuando se aumentaron en tamaño y ganaron importancia en los ojos del impresor-artesano, ¿qué era más natural que su traslado gradual hacia el principio del libro, acompañado por una redacción apropiada?

Cuando la novedad de este nuevo arte se había pasado se daba cada vez más prominencia al nombre del libro y a su autor. Mr. de Vinne en su libro sobre portadas escribe que “la repetición en distintos libros del mismo escudo fue una ofensa para el lector que se volvió demasiado monótono como para aguantarlo. No siempre nombraba el impresor ni tampoco el libro. Para silenciar (hacer callar) a los numerosos reparos los impresores de obras de poca importancia empezaron a hacer los escudos más pequeños y dar más importancia al nombre del libro y su autor.”

Para cuando el mundo editorial y el de la impresión se separaron y siguieron como oficios diferentes (a partir de aproximadamente 1540) la portada era una costumbre establecida que las editoriales rápidamente reclamaron como su herencia, aunque hasta hoy día los libros publicados por editoriales ocasionalmente llevan el escudo del impresor en la portada. El primer impresor en utilizar una portada fue Peter Schoeffer en el año 1463. Imprimió varias ediciones de una bula del Papa Pío II, con una pagina entera para el título de cada libro. Sin embargo, no continuó esta practica y el uso de la portada no se hizo general hasta aproximadamente catorce años después. En 1476 el alemán, Erhard Ratdolt, de Augsburg, imprimió en Venecia un calendario de Johannes Regiomontanus, en el cual utilizó un borde de grabado en madera alrededor de la portada. Esta es la primera portada ornamental conocida.

El primer impresor en Inglaterra en usar una portada fue un tal William de Mechlin o Malines (un belga), que trabajó de impresor primero en Holburn y después cerca de Flete-Brigge. Entre otros libros imprimió varias ediciones de A Little Treatise against the Pestilence (un pequeño tratado en contra de la peste) escrito por un tal Obispo Canatus de Aarhus; y fue una de estas ediciones que era el primer libro inglés en tener una portada. El título fue impreso en dos líneas y ponía:

“A passing gode lityll boke necessarye
and behovefull agenst the Pestilens.”
(un buen libro pequeño, necesario
y correspondientemente en contra de la peste)

La portada desde su nacimiento hasta hoy día ha sufrido grandes vicisitudes y ha reflejado, hasta un grado notable, los tiempos por los cuales ha pasado. Por lo tanto las grandes portadas de Italia, Alemania, Francia e Inglaterra, en menor grado, durante el renacimiento fueron adornadas con grabados en madera de gran belleza, que reflejaban la gran actividad artística de la época. Años inquietos y relativamente estériles siguieron en los que la portada perdió su belleza y grandeza y a menudo, desafortunadamente, se hizo caso omiso de la imprenta tipográfica; los impresores buscaron ayuda externa, lo cual llevó al surgimiento de una portada grabada en cobre. Esta practica, en particular, se mantuvo firme durante el tiempo del Grand Monarque.

Para ser justo con estos, se ha de decir que los grabados a veces eran muy bonitos, pero normalmente eran ostentosos y floridos, un mero reflejo de la aristocracia pomposa de aquella época. Más tarde, a finales del siglo XVIII bajo la influencia de la Revolución, la portada se volvió austera y de cierta simplicidad, sin mucha distinción. El siglo XIX vio la restauración completa de la portada tipográfica. En Inglaterra, durante la época victoriana, las portadas eran feas casi sin excepción. Los libros editados e impresos por Charles Whitingham y William Pickering respectivamente, merecen una atención especial, ya que ellos fueron los precursores de la revolución tipográfica que comenzó en este país.

Por fin, en los primeros años de los noventa, un grupo liderado por William Morris llevó a cabo varios experimentos y como resultado imprimió libros cuya belleza llamativa despertó a toda Europa. Y si los libros impresos por este grupo de artistas-impresores pueden parecer hoy en día como algo solamente valorable por su preciosidad, su influencia en aquel momento fue suficiente como para hacer pensar a varios impresores, lo cual llevó consigo una mejora notable a la mayoría de las portadas. A pesar de la guerra esta mejora parece continuar, como demuestran los ejemplos que acompañan a este texto.

El impresor de hoy, como el de tiempos pasados, ha de tener en cuenta dos consideraciones principales a la hora de planificar una portada- la legibilidad y cierta relación y harmonía con el texto principal. Es un placer notar que los buenos tipos, que contribuyen mucho a la legibilidad de una portada, se utilizan más que hace veinte años. También hay una tendencia bienvenida entre autores y editores a usar tan pocas palabras como sea posible en la portada, y los elaborados subtítulos, lemas y citas se han pasado de moda. Hay indicios de que muchos más impresores que antes se están preocupando por encontrar la harmonía entre el texto y la portada, sin embargo hay muchos fracasos. Una causa del problema parece ser que algunos impresores quieren impresionar a la editorial y el público y utilizan la portada con este fin, siguiendo demasiado de cerca, quizás, a las obras maestras del pasado que se crearon en una época completamente distinta y así desatienden a la tipografía del resto del libro. Otros, por su amor a la impresión fina (de los cuales hay muchos), se apean en la portada, y la usan como un objeto tangible en la cual expresar su destreza, pero su entusiasmo falla muchas veces respecto al texto principal del libro.

Parece haber nueve tipos distintos de portadas que se usan hoy en día, los cuales se pueden clasificar como: la de la época, la sobrecargada, la cuadrada, la cónica, la natural, la bordeada, la caligráfica, la de grabado en madera y la que es principalmente decorativa. Antes de la guerra había una tendencia fuerte entre los impresores a adoptar solo uno o dos estilos, lo cual llegó a ser la “Costumbre de la Casa” a precio de cierta monotonía y esterilidad.

Es interesante notar que hay numerosas ocasiones en que los impresores utilizaban varios de los tipos de portada, variando su tratamiento en los diferentes libros que realizaron. Esta experimentación y versatilidad probablemente sea debido al interés intenso que se pone actualmente en el lado artesanal de la impresión, y a la perturbación e inquietud general que siguen a una gran guerra. Esto queda reflejado tanto en la impresión como en las otras artes y oficios. El impresor de la post-guerra también parecería tener un sentido más agudo de lo que es adecuado. Vale la pena examinar brevemente cada uno de los estilos enumerados.

De la época: Se utiliza para una reimpresión de una obra originalmente editada durante un periodo de tiempo cuando predominaba un estilo concreto de tipografía y el impresor quiere conservar la atmósfera de aquella época. La reproducción de Beggar’s Opera ejemplifica a este tipo.

Sobrecargada: Es un estado no deseado. El autor o el editor normalmente tiene la culpa y el impresor tiene que hacer lo mejor que pueda con ello. Polly es una solución excelente a esta dificultad.

Cuadrada: Este tipo presenta una apariencia ordenada además de poder y solidez y por lo tanto siempre ha sido popular en Inglaterra. Vea History of Egypt.

Cónica: Este tipo de portada quizá era de más uso para los antepasados, los cuales podían romper las palabras con más facilidad. Shakespeare Adaptations aquí muestra que aún hoy en día se presentan las oportunidades para utilizar este tratamiento.

Natural: Los titulares se arreglan según se dispongan naturalmente, sin forzar la medida. El orden exitoso depende en gran parte del espacio entre líneas y los cuerpos de letra usados en las diferentes líneas. Algunas de las portadas modernas más bellas son de esta variedad. Las portadas con viñetas de flores etc. pertenecen a esta categoría. Vea Love and Friendship como ejemplo.

Bordeada: Se usa como decoración y para dar un sentido de consistencia y solidez. Si el texto no esta equilibrado sin que el borde ‘lo sujete’, la portada tiene fallos fundamentales. Four comedies en un ejemplo de una portadilla bordeada.

Caligráfica: La portada caligráfica no se puede justificar del todo sin que la caligrafía aparezca en alguna otra parte del libro, como por ejemplo los encabezados de los capítulos. Por el otro lado, la línea del titulo de la portada puede usar la caligrafía, si hay tipo suficiente en la pagina como para preservar la unidad de la obra. Tanto la caligrafía dibujada y con pluma se incluyen bajo este título.

Grabado en madera: De vez en cuando se utiliza grabado en madera para todas las letras y la decoración de la portada (notablemente por Marées Gesellschaft). La misma critica de la portada caligráfica también se aplica a este método.

Principalmente decorativa: Este tipo de portada surge durante este siglo. Saints in Sussex nos proporciona un ejemplo excelente donde la confianza entre artista y impresor ha resultado en la producción de una portada a la vez bella y distinguida.

El hecho de tener tantas posibilidades para la producción de una portada interesante es enriquecedor. Es el texto, después de todo, lo que debe guiar cual de las numerosas vías se debe coger, y ninguno de los ejemplos incluidos tiene un aspecto forzado con el fin de adoptar un estilo determinado. Algunos podían haber sido interpretados con éxito en cuatro o cinco estilos. Los fallos principales se deben a un “Dogma”, algunas veces disfrazado como “Costumbre de la Casa”; El mezclar familias de tipo; El usar indiscriminadamente el rojo u otros colores, que se desparraman en las líneas, palabras sueltas o iniciales. Un color parece mejor y es más efectivo cuando está concentrado y usado frugalmente. Por último, la decoración pobre o de segunda clase es peor que no mostrar ninguna.

Oliver Simon


Oliver Simon desarrolló su carrera profesional en la Curwen Press.
Editor de las revistas Signature y The Fleuron
(esta última junto con Stanley Morison) escribió el libro
Introduction to Typography.
Artículo publicado en The Fleuron

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5 Comentarios

  • kenia lucero comentó el 28 septiembre 2009 a las 0:43 :

    NO ME SIRVIO DE NADA LA RESPUESTA YO LO Q QUERIA ES SABER QUE ES LA PORTADA Y SUS FUNCIONES

  • jose diaz comentó el 10 mayo 2010 a las 1:35 :

    la informacion no me sirvio de nada es pura tonteria ademas no es entendible lo que se quiere decir

  • eiker saez comentó el 7 noviembre 2010 a las 17:07 :

    esto sobre la portada esta super importante

  • gaby comentó el 21 octubre 2011 a las 22:12 :

    A mi si me sirvio mucho!! gracias

  • jio 4g voice comentó el 2 marzo 2017 a las 2:21 :

    Los primeros impresores seguían servilmente las tradiciones de los escribanos y calígrafos en cuanto a la colocación detallada del texto del libro. El escribano cogía su hoja de papel o pergamino,

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