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«Los tipos sans-serif» por Harry Carter

Enviado por el Jueves, 21 noviembre 2002Un comentario

«Los tipos sanserif disponían de un lugar destacado en todas las imprentas y sus iniciales asociaciones monumentales fueron desechadas conforme crecía su uso en todo tipo de trabajos de remendería ya que su legibilidad y durabilidad los hacían perfectos para impresiones de etiquetas, embalajes, envolturas y demás propósitos comerciales.»

El ensayo sobre los tipos sanserif de Harry Carter es un modelo de análisis tipográfico. Apareció en The Curwen Press Miscellany en 1931. Esto fue un año después de su traducción del Manual Tipográfico de Fournier y tres años después de la aparición de Die neue Typographie de Jan Tschichold, libro que tiene mucho que ver con los tipos sanserif y que si no es citado por Carter seguro que fue debido a que no tuvo oportunidad de leerlo ya que por aquel entonces muy pocos ejemplares del mismo fueron introducidos en Inglaterra.
Otro gran trabajo de Carter fue la monumental traducción de las historias de Herodoto publicadas (en unas 600 páginas) por la Limited Editions Club en 1958 con ilustraciones de Edward Bawden. Era además un gran lingüista ya que aprendió el latín y el griego, conocía perfectamente el francés y se expresaba fluidamente en alemán, español, holandés y ruso.

Después de graduarse en Historia en Oxford y practicar como abogado se interesó vivamente por el mundo de la imprenta llegando a ser Director de producción de la Kynoch Press, bajo la supervisión de Herbert Simon, durante los años 1929 a 1937 y donde diseñó dos catálogos de tipos y una serie de imaginativos diarios de la casa con ilustraciones de Edward Bawden, Eric Ravilious y otros. También trabajó durante un año para la Nonesuch Press de Francis Meynell. En 1954 volvió a Oxford para convertirse en archivero de la imprenta universitaria y comenzar a escribir sobre la historia de la imprenta.

Bibliografía:

A view of early typography
Harry Carter, London, 1971

El nombre «sanserif» transmite a un impresor una categoría de tipos que no solamente adolecen de remates sino también que entre sus trazos gruesos y delgados no existe apenas contraste.
Ellos son la forma natural de una letra que ha sido realizada por alguien que escribe con otra herramienta que no sea un lápiz o un pincel. Existen razones para pensar que este tipo de letra fue importado a la imprenta a partir de modelos de alfabetos inscripcionales cuyo uso primordial fue el de dar un aire de monumentalidad a los escritos realizados con los mismos. Aunque un impresor seguramente apreciará en ellos su durabilidad debido a la ausencia de remates y trazos finos que pudieran romperse debido al uso diario.

Los tipos sanserif hacen su aparición en Inglaterra durante los años 1820 a 1830, década en la que podemos situar el ascenso de los «tipos comerciales» como una clase específica. Johnson en su Typographia de 1824 da cuenta de este florecimiento:
«Aparte del gradual perfeccionamiento de los tipos de metal, nuestras fundiciones (imitándose unas a otras) añaden a sus colecciones todo tipo de letras ornamentales junto a unos nuevos caracteres que denominan egipcios; estos últimos se encuentran actualmente en todo tipos de placas, comercios, etc. Asimismo aparecen unas letras conocidas como sanserif, grotescas o góticas y que se muestran por primera vez en un catálogo británico de 1832.

En 1835 Figgins incluye un juego completo de las mismas anunciándolas cómo «un gran surtido de las letras comerciales más modernas» ; los tipos sanserif fueron cortados de diferentes formas, condensados, extendidos, gruesos, finos… pero siempre al estilo moderno como nos recuerdan las proporciones de las letras y la curvatura de sus trazos.
Así las letras B, E, L, S, Y, son comparativamente anchas y la H, M, N, estrechas; la J y la R tienen curvas modernas.
Poco después se corto un tipo en caja baja. Es muy difícil diseñar un juego satisfactorio de minúsculas sin trazos finos y gruesos. La letra romana tradicional de caja baja es esencialmente caligráfica y en una letra de un peso ordinario el engrosamiento de los trazos finos dará como resultado una distorsión del blanco interno que puede afectar al color tipográfico de la página. Los diseñadores de tipos sanserif del siglo XIX recurrían a un subterfugio que consistía en adelgazar los filetes de la «a» y la «e» lo cual no era muy elegante.

Los tipos sanserif disponían de un lugar destacado en todas las imprentas y sus iniciales asociaciones monumentales fueron desechadas conforme crecía su uso en todo tipo de trabajos de remendería ya que su legibilidad y durabilidad los hacían perfectos para impresiones de etiquetas, embalajes, envolturas y demás propósitos comerciales. Por otra parte, esto les hacía ganarse un cierto descrédito entre aquellos que se preocupaban por los tipos bellos y la impresión de calidad.
Cuando las enseñanzas de William Morris fueron tomadas en consideración por las imprentas ¡Cuantos impresores vaciaron sus cajas de tipos góticos y grotescos con todo tipo de extensiones y condensaciones y acabaron vendiéndolos como chatarra!

Las robustas virtudes de los tipos sanserif sólo estaban esperando una explotación inteligente por parte de unos diseñadores que intuyeran su potencial y, que con la ayuda de una nueva generación de impresores, los ayudaran a volver a gozar del favor del mundo editorial.
Los modernos métodos mecánicos de fabricación de los tipos estaban especialmente bien adaptados para este particular estilo de letra, pero la recuperación del prestigio de los tipos sanserif se lo debemos al genio de tres hombres: Gerard Meynell de la Westminster Press; Frank Pick director de publicidad del metro de Londres y el calígrafo Edward Johnston.
Fue Gerard Meynell quien sugirió al metro de Londres que sería una buena idea que éste dispusiera de una tipografía diseñada por Edward Johnston y Frank Pick, con una audacia rara en las grandes empresas, dejó al diseñador mano libre para desarrollar el proyecto.
La «Underground Sans» que hizo su aparición en 1918 demostró que las ventajas técnicas de un bloque de letras puede ser asociado con un tipo de belleza muy apreciada por las artes aplicadas. Con respecto a los objetos de uso diario a nosotros nos gusta sentir que su forma ha sido dictada por consideraciones funcionales; los ornamentos y la apariencia de suntuosidad ya no son apreciados. De este modo el sentimiento moderno escogió los sanserif de las cajas de tipos victorianas para preservarlos y condenar al resto.

El tipo sanserif de Edward Johnston posee una gran belleza y fue el primero de la gran variedad de ellos aparecidos en el siglo XX. Es un miembro de la familia de tipos antiguos ya que está basado en los modelos inscripcionales romanos y la forma esencial de las letras es la misma que la de Jenson o Caslon; sólo su estilo ha sido dictado por la función. La ausencia de remates y trazos finos es natural y apropiada para letras grandes que van a ser usadas en unas pocas palabras para ser vistas a una cierta distancia. Los trazos finos son usuales cuando la economía del espacio es un parámetro a considerar y los remates ayudan al ojo a fijar y seguir una línea en un conjunto de texto; ambos son ayudas para la lectura rápida, pero ninguno de los dos son una ayuda para una lectura segura y son inapropiados para una leyenda corta dispuesta en un espacio amplio para su lectura. Estas son dos de las razones por las cuales nosotros instintivamente proclamamos los bloques de texto usados en el metro de Londres como adecuados y agradables.

Pero estos tipos tienen también otras virtudes: el ojo los distingue claramente del texto que los rodea en composiciones comerciales, rompen con la tradición literaria y por lo tanto se identifican facilmente con las asociaciones mecánicas que nos sugiere un ferrocarril eléctrico, aunque su formas esencialmente romanas nos remitan a la cultura clásica.
No mucho después de la adopción del nuevo tipo por parte del metro de Londres, una delegación de publicistas alemanes viajó a Inglaterra para verlos «in situ». Predispuestos a su favor por la reputación de Edward Johnston en su país y agradados por el buen gusto que reflejaban los impresos comerciales en los que los tipos figuraban, estos Gebrauchsgraphiker volvieron a Alemania e hicieron un uso intensivo de estas nuevas formas tipográficas. Se crearon bastantes versiones alemanas de los nuevos tipos sanserif pero quizás las más reseñables son la Futura editada por la fundición Bauer y Cable editada por Klingspor.
Futura es un audaz tipo modernista pero muy logrado, mientras que Cable del profesor Koch es para la escritura tan buena como el tipo de Johnston, sino mejor.

Monotype Gill Sans, un sobrio y satisfactorio tipo para rotulación refleja la severa economía de la máquina moderna. Su diseño se asemeja enormemente al tipo de Johnston pero su «color» es más claro, una cualidad que lo hace más adecuado para cuerpo de texto que para un título o encabezamiento de pocas palabras. Bien diseñada, el tipo de Eric Gill ha sido excelentemente fundido y ampliamente utilizado.

Por último señalar que aquellos que deseen trabajar con tipos sanserif, deben de tener muy en cuenta las advertencias del impresor Theodore De Vinne sobre ellos:
«ningún tipo necesita una composición tan atenta como estos. Las capitales siempre necesitan un cuidadoso espaciado. Además los tipos sanserif necesitan en general un generoso interlineado. »

Harry Carter
The Curwen Press Miscellany, 1931

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