El año mágico de 2000 nos ha traído
poco de lo que se esperaba hace una década. Sin embargo nos ha librado
de los nervios de fin de siglo y nos ha permitido echar una mirada sobria al pasado
reciente. Mirando hacia atrás desde la perspectiva de estos "tres
ceros", los años noventa parecen ser ricos en eventos y llenos de
cambios en los campos de política internacional y económía.

En
tipografía, la última década del siglo XX fue un período
de grandes expectativas, importantes progresos tecnológicos, muchos experimentos
y resultados polémicos. Los primeros
años de los noventa pasaron bajo la influencia de las teorías post-estructuralistas
y uno de los resultados de esto fue la idea infantil de que el texto es imagen
y viceversa. Les costó a los diseñadores casi una década
para darse cuenta de que texto es texto y difiere de un dibujo en su capacidad
de comunicar. Esto contribuyó a la comprensión adicional de que
leer no es un proceso pasivo sino un grupo complejo de actividades. El proceso
de leer no es lineal. Por el contrario, es dinámico y activo. El uso de
la tipografía es una de las maneras de hacer el acto de leer más
fácil y así la manipulación del tipo y espacio tiene una
influencia fundamental sobre el lector. La tipografía nos ayuda a guiar
al lector, interpretar el contenido (o contradecirlo), crear cierto ambiente o
declarar las intenciones del autor. Democratización En
la historia hay muchos ejemplos que demuestran que la especialización profesional
de los diseñadores les fue frustrante. La complejidad de su profesión
significó que el trabajo parecía estar dividido entre el trabajo
creativo y la ejecución subsecuente de ese trabajo. Stanley Morison y Jan
van Krimpen ya creyeron que los estándares de la tipografía sólo
se podían elevar si las diferencias entre la producción y el diseño
fueran minimizadas y el proceso entero se hiciera más transparente. En
1985, Adobe Systems presentó Post Script, un lenguaje para definir paginas
graficas. Por primera vez, un diseñador ahora tenía control absoluto
sobre el proceso creativo entero. La accesibilidad y la reducción de los
precios en el campo de la tecnología de los ordenadores dieron como resultado
la llamada "democratización" de la profesión. En 1990
el tipógrafo británico Matthew Carter, que vivía en Estados
Unidos, pudo declarar: "Como parte de la democratización de la industria,
la creación de tipos ha sido desmitificada." Gracias a la popularidad
de los programas para crear tipos, el proceso de creación de la tipografía
cambió rápidamente. En unos años, los diseñadores
habían creado el mismo número de tipos nuevos que se habían
hecho en los 500 años de historia de la tipografía. La razón
principal de este hiperproducción era el progreso tecnológico y
la fascinación por la novedad. Una clase de ingenuo deber moderno a crear
cosas nuevas hizo que la gente siguiera diseñando. Jeff Keedy, profesor
de Cal Arts, intentó defender el éxtasis tecnológico diciendo:
"No es posible crear tipografías nuevas con viejos tipos. ÀPor qué
intentan lograr lo imposible tantos tipógrafos ø una nueva tipografía
con una fuente vieja?" Resultados La
razón por la que se han creado tantas fuentes nuevas es que la tecnología
de hoy lo hace más fácil. Como resultado, es posible ver fuentes
simplemente como simulación digital de tecnologías previas. De la
misma manera, otras fuentes que se crean son el resultado de las posibilidades
y limitaciones que ofrecen los ordenadores. Tipos como Blur o Autotrace aceptan
abiertamente este tipo de inspiración hasta el punto de reflejarlo en sus
nombres. Además, hasta llevan el nombre del filtro que se usó para
crearlas. 
En
este nuevo ambiente, el diseñador no solo sigue las demandas del mercado
pero también puede satisfacer demandas excepcionales. La situación
ha cambiado dramáticamente. Un diseñador tiene la oportunidad de
mostrar su influencia sobre sus propios trabajos y los que le piden. Un ejemplo
típico son los tipos de dúo holandés Letrerror, cuyo trabajo
innovador ha influido mucho en la tipografía. Ambos diseñadores
han creado su propio espacio dentro del campo y usan su trabajo para convencer
al publico de que los necesita. El progreso
tecnológico obligó a algunas empresas a re-evaluar su sistema de
clasificación porque se dieron cuenta de que el suyo era inadecuado. Los
tipos digitales negaron las categorías existentes y los tipos ya no se
limitaban a serif y sans-serif pero también incluían estilos como
semi-serif y mixto. Los nuevos tipos obligaron la creación de sus propias
categorías. FontShop presentó un sistema innovador, que toma en
cuenta todas las inspiraciones posibles. Según su nueva clasificación,
ahora podemos dividir los tipos en las siguientes categorías: tipográfico,
geométrico, amórfo, irónico, histórico, inteligente,
escrito a mano y destructivo. 
Se
fundaron las primeras fundiciones de tipo digital a mediados de los años
ochenta y principios de los noventa. Los pioneros eran Émigré (1984),
seguidos por FontShop (1991), y otros grupos como T26, House Industries, Garage
Fonts, Thirstype, etcétera. El trabajo de estos grupos es asombrosamente
similar lo cual comprueba que las limitaciones tecnológicas han tomado
el control de la profesión. El año
1991 vio el comienzo de Fuse "el proyecto para la investigación del
lenguaje". Sus fundadores Neville Brody y Jon Wozencroft lo han caracterizado
como "un intento de aunar diseñadores gráficos, culturas populares
y filosofía." La importancia de este proyecto fue confirmada cuando
formaron parte de la colección permanente del museo londinense Victoria
and Albert, pero hasta Fuse no logró evitar las trampas de vacíos
juegos formales. Sin hacer caso a los desarrollos en el campo del diseño
gráfico Fuse continuó dentro de su línea hasta 1999. Los
tipos de los noventa tuvieron éxito comercial rápidamente y vendieron
mejor que los bestsellers tradicionales como Futura, Univers y Garamond. El diseño
de fuentes nuevas costó una fracción de lo que supuso la creación
de las fuentes clásicas y, su éxito financiero excedió el
de los tipos clásicos. En 1995, los bestsellers de FontShop eran Blur,
Instant Type, Meta y Trixie. 
Todos
ellos, con la excepción de Meta, se crearon como resultado de la influencia
de la nueva tecnología y una reacción a la estética del ordenador.
Esto probablemente sería comparable a una situación en la que los
Pixies vendieran más discos que los Rolling Stones. Re-mistificación
La llegada de la tecnología digital
significó que el diseño de tipos ya no era del dominio de los especialistas.
Poca gente se dio cuenta de que la democratización de la tipografía
también podría poner en peligro la existencia de los diseñadores
profesionales. ÀQue pasaría si cualquiera pudiera comprar las herramientas
para crear trabajos comparables? Sería mucho más fácil crear
un tipo que aplicarlo. Se haría difícil vender una fuente y los
tipógrafos se encontrarían en la posición de tener que explicar
la diferencia entre el trabajo de un profesional y el de un amateur. Ya que el
diseño grafico y la tipografía no se clasifican como profesiones
(a diferencia de la arquitectura), tal explicación sería bastante
difícil. Los profesionales quienes hasta ahora habían demostrado
que su posición era segura, se encontrarían haciendo intentos obscuros
para enfatizar estas diferencias poco claras. 
Siempre
desconfiaba en fuentes con nombres sugestivos como "display", "headline"
o "text". ÀCómo puede un buen diseñador limitar su usanza
nombrándoles de tal manera? Un buen tipo siempre encontrará su aplicación
y el usuario normalmente es lo suficientemente inteligente para usarlo a su ventaja.
Aunque pensaba que esto era una moda de los ochenta, las fundiciones producen
tipos llamados "web" y "correspondence". Esto me parece tan
absurdo como si los Beatles hubieran puesto una pegatina en sus discos diciendo:
"Escucha solo a oscuras" o si Sting insistiera en que sus discos fueran
"música solo para los sábados a la tarde". En mi opinión,
poner nombres a los tipos solo se hace intentando que sea obvio al lego que la
tipografía no es de ninguna manera transparente. Debemos usar Myriad para
las cosas impresas, Myriad Web para la pantalla, a pesar de que no hay ninguna
diferencia visible entre los dos. FontShop, por ejemplo, ofrece Meta y Meta Correspondence,
uno para usar en la oficina y otro para los usos cotidianos. Creen que es posible
que algunas personas solo necesiten Meta mientras otros pueden necesitar los dos.
La diferencia entre las dos fuentes es mínima, solo se cambia el espaciado
de la fuente. Yo no puedo imaginar que un tipógrafo compraría las
dos fuentes cuando se puede obtener los mismos resultados usando cualquier programa
de edición grafica para cambiar el interletrado. Tales
tácticas empleadas por las fundiciones parecen alarmantes. Escondiendo
los hechos o poniendo énfasis en el nombre de la fuente y las instrucciones
que la acompañan crean un proceso de re-mistificación de una profesión
una vez democratizada. Otras modas similares intentan presentar la tipografía
como un campo exclusivo que solo se puede entender un experto y los inexpertos
ni deben intentar tocarlo. Peter
Bilak trabaja en la actualidad en el
campo del diseño editorial, gráfico, de tipos y web. Ha diseñado
varias fuentes comercializadas por FontShop International, como la familia Freda,
así como otras para sus uso en programas de identidad visual. En 1999
crea su propia fundición Typotheque. Asimismo, junto con Stuart Bailey,
es el editor de "Dot, Dot, Dot" un magazine que cubre los aspectos relacionados
directa e indirectamente con el diseño gráfico.

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