Como
consecuencia de esta situación, son varios los tipógrafos que escogen
Suiza como lugar de residencia y trabajo. Dos hechos van a influir de forma determinante,
en el posterior desarrollo de la tipografía en este país: por un
lado, la influencia de la Bauhaus, que había sido cerrada en Alemania,
en 1933, como consecuencia del creciente nazismo; por otro lado, los influyentes
trabajos de Jan
Tschichold, profesor de la Escuela de Munich, que se trasladó a Suiza,
donde vivió hasta su muerte en 1974, a excepción de una corta estancia
de tres años en Londres.
Las corrientes vanguardistas de principios
del siglo XX, la influencia de los dos acontecimientos citados, y el nacimiento
del grupo propio, encabezado por Max Bill, puede considerarse como el precedente
del movimiento tipográfico suizo, representado por la creación de
tipografías de palo seco y la utilización de la composición
asimétrica.
Los numerosos alfabetos que se diseñan en estos
años están orientados a despojar al carácter de los rasgos
que se pudieran considerar accesorios, para valerse únicamente de los imprescindibles,
con el fin de potenciar su funcionalidad. Sin embargo, algunos de estos experimentos,
resultarán en la práctica infructuosos, entre otras razones, por
la rigidez de sus planteamientos.
Frente a la composición tradicional
centrada, la composición asimétrica aportaba la distribución
de la información en la página sobre puntos invisibles de tensión
compositiva. La maquetación del texto en bandera invadió todos los
impresos, frente al justificado tradicional, en un intento de resaltar el carácter
dinámico y activo que el hecho de la visión y la lectura tienen.
Jan
Tschichold era un ferviente defensor de los tipos de palo seco y de la composición
asimétrica, producto de estas ideas, fue la publicación de ÇDie
Neue TypographieÈ obra maestra sobre la Nueva Tipografía. Más tarde,
ya en Suiza, Tschichold escribió ÇTypographische GestaltungÈ un segundo
libro capital para la nueva concepción tipográfica. Aunque años
después Tschichold volvió al estilo clásico, y por ello mantuvo
una gran polémica con Max Bill, defensor del estilo moderno.
Curiosamente,
la única tipografía que consiguió destacar en esta época
fue la Futura de Paul
Renner, porque alcanzó el punto de equilibrio entre teoría y
práctica. El trazado exageradamente geométrico de sus antecesoras
presentaba puntos de unión conflictivos y un cierto desequilibrio entre
el peso y el tamaño de las formas. Con la Futura, Renner, compaginó
legibilidad y coherencia en sus planteamientos gráfico-formales y corrigió
los mencionados problemas, aunque se mantuvo fiel a las directrices teóricas
y proyectuales que enmarcan a la Futura dentro de la tipología de palo
seco geométrica.
Con estas aportaciones y con el gran protagonismo
de las escuelas pedagógicas de Basilea y Zurich, impulsadas por Hermann
Kienzle y por Ernst Keller respectivamente, comienza en Suiza la gestación
de un nuevo grupo de familias que va a revolucionar el mundo visual de la comunicación,
porque, aunque consideradas de palo seco, tienen una armonía formal, no
conseguida anteriormente por ninguna tipografía de estas características.
Esta armonía, le viene dada por la compaginación de un trazado funcional
sobre un esquema constructivo humanista del carácter.
En este marco
sociocultural, aparecen tres grandes tipografías: la Folio, creada por
los alemanes Walter Baum y Konrad Bauer, para la fundación Bauer; la Univers,
creada por el suizo Adrian
Frutiger, para la fundición Deberny et Peignot; y la Helvetica, creada
por el también suizo Max
Miedinger, para la fundición Haas.

Comparación
entre una familia de palo de tipo geométrica (Futura) y las soluciones
dadas para los mismos caracteres en Univers y Helvetica.
Estas familias
clasificables en la tipología de palo seco se caracterizan por tener el
trazo homogéneo y por la ausencia de remates. Sin embargo, la experiencia
y la perspectiva crítica ayudó a estos diseñadores a liberar
a las familias de las formas geométricas, propias del siglo XX, que tantos
quebraderos de cabeza había dado a los tipógrafos experimentales
de la Bauhaus y volver a enlazar con la tradición de la tipografía
ÇgrotescaÈ del siglo XIX. Se puede apreciar en ellas una clara búsqueda
de la proporcionalidad y un sometimiento de los elementos particulares al éxito
del conjunto, para conseguir que el texto sea una mancha que destaque por su tono
perfectamente uniforme.
Los principios meramente asépticos y modulares,
desde los que se confeccionaban estas familias, junto con la compaginación
del desarrollo de las técnicas fotográficas y ópticas, y
su aplicación al campo de la composición de textos, dio lugar a
que la mayoría de estas familias aparecieran con una completísima
gama de matices, tanto para versiones redondas como cursivas. En ambas se proyectaron
variaciones de anchura, expandidas y condensadas, y variaciones en el grosor del
trazo, finas y negras. Así mismo se empezó a utilizar la tipografía
en cuerpos grandes y de este modo se consiguió un poder de comunicación,
por medios tipográficos, en impresos de gran tamaño, no conocido
hasta entonces.
A pesar de las diferencias existentes entre
estas familias, sorprende el gran parecido que muestran a primera vista. Ello
nos hace pensar que estos tipógrafos tendían a la consecución
de un alfabeto ÇidealÈ, orientado a encontrar el equilibrio perfecto entre lo
funcional y la tradición humanista. No obstante, los detalles que caracterizan
a cada familia, inciden de forma diferente en la mancha resultante y en la respuesta
dinámica del texto.
La Helvetica destaca por la impecable homogeneidad
en el tono de la mancha tipográfica, muy similar en la Folio, y algo más
irregular en la Univers. Esto es debido a la estudiada proporcionalidad de la
relación altura-anchura de todos los caracteres del alfabeto, en el caso
de la Helvetica, y la ligera estrechez de éstos, en el caso de la Univers.
La Helvetica, sin traicionar el principio de la belleza funcional, lo compagina
muy sutilmente con algunas soluciones que impulsan el desarrollo dinámico
del texto a la manera clásica, huyendo de la rigidez proyectual, utilizando
algunos trazos de naturaleza claramente humanista, como son el gancho de pie y
el bucle de la a, el brazo de la R, y los arcos de la s y la S. Además,
el efecto de modulación de la Helvetica es apenas imperceptible, frente
a la modulación bastante visible en la Univers, necesaria en parte para
solucionar el poco espacio disponible para la unión entre trazos debido
a su estrechez.
No podemos terminar
este acercamiento a la tipografía en Suiza, sin hacer una mención
especial al más notable de los tipógrafos suizos y mundiales: Adrian
Frutiger, creador entre otras, de la Univers y de la Frutiger, dos de las tipografías
más utilizadas en el mundo. Asimismo cabe destacar entre sus múltiples
realizaciones su señalización del metro de París y del aeropuerto
Charles de Gaulle, dos trabajos de señalíctica de reconocido prestigio
y paradigma de la capacidad comunicadora de la Nueva Tipografía.
En
Suiza, técnica y creatividad propiciaron el cambio transcendental que supuso
la irrupción de la tipografía en la comunicación social y
el asentamiento definitivo de la tipografía de palo seco como una tipología
con entidad propia.
Artículo publicado en la revista
CONTRASTES
José Luis Martín
y Montse Mas son los autores del libro «Manual de tipografía»
editado por la editorial Campgráfic.
