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Erik Spiekerman no sólo es un excelente diseñador
sino, también, un orador dotado de una enorme capacidad de comunicación
y persuasión, gracias a las cuales conecta rápidamente con la audiencia.
Por ello, no hay conferencia, reunión o coloquio sobre diseño gráfico
o tipografía que no cuente con su presencia. Realiza entrevistas y escribe
artículos para revistas como Baseline, Emigré o Eye, cargados de
sentido crítico, reflexión teórica y profundo conocimiento.
Su interactivo VizAbility dejó boquiabierto a más de uno por su
concepción rigurosa y su sencillez en unos momentos "y en el medio
multimedia" en los que, por lo general, la calidad se deja a un lado para
dar paso a la espectacularidad y al barroquismo efectista; pero Spiekerman es,
por encima de todas las cosas, un gran tipógrafo.

Nacido
en Stadthagen (Alemania) en 1947 y dotado de una curiosidad innata, Erik Spiekerman
siempre sintió un especial interés por todo lo que tuviera relación
con el medio impreso; a los doce años, en el sótano de su casa,
ya hacía sus primeros experimentos tipográficos. Más tarde
estudió Historia del Arte en la Universidad de Berlín. En 1973 se
trasladó a Inglaterra movido, tal vez, porque siempre ha considerado que
Londres es la «capital gráfica del mundo». Durante
siete años trabajó como freelance principalmente para Wolff Ollins,
Henrion Design Associates y Pentagram e impartió clases de tipografía
en el London College of Printing. Durante aquellos años, la relación
de Spiekerman con la tipografía se fue consolidando, en parte por su paso
por el London College y, en parte, por su contacto con Ed Cleary, cofundador de
la compañía tipográfica Filmcomposition, quien primero fue
su amigo y después su socio en la empresa FontShop, fundada por Spiekerman
en Berlín a finales de los ochenta para la distribución de tipos
digitales. Por otra parte, a finales de los setenta,
Spiekerman que durante los años de estancia en Inglaterra no había
perdido el contacto con su país de nacimiento, comenzó a colaborar
con la fundición tipográfica alemana Berthold AG. Su primer trabajo
como diseñador de tipos lo hizo para dicha compañía. Se trató
del redibujo de la tipografía LoType, que había sido creada por
Louis Oppenheim. Mas tarde rediseñó otras tipografías, entre
las que se encuentran la Block Italic y la Berliner Groteske. Hacia 1979, Spiekerman
decide abandonar Inglaterra y fundar en Berlín, con otros dos socios, su
propio estudio: MetaDesign que, actualmente, es uno de los mayores de Alemania.
MetaDesign concibe el diseño de manera
integral y cuenta con un gran equipo de diseñadores. Lo más llamativo
de dicho equipo es su juventud. Y es que Spiekerman prefiere trabajar con diseñadores
jóvenes y argumenta que, frente a los profesionales mayores y experimentados,
éstos hacen propuestas nuevas y frescas; propuestas que aquellos no se
atreverían ni siquiera a sugerir porque andan demasiado ocupados en obtener
beneficios económicos y en mantener una posición que excluye cualquier
trabajo con riesgo. Como contrapartida, sabe que los jóvenes son inquietos
y se aburren con muchos de los tediosos trabajos que, a veces, necesariamente
han de realizarse en el estudio. Por eso, MetaDesign trata de ofrecerles un ambiente
agradable en el que se sientan a gusto con lo que hacen y les da la oportunidad
de aprender. La filosofía del diseño
de Spiekerman va más allá de la pura estética. Desde hace
tiempo ha descubierto que los clientes se acercan al diseñador con la intención
de que éste les solucione un problema concreto y por ello, mostrar a ese
cliente una carpeta de trabajos no sirve de gran cosa si no se le explica que
mediante el diseño va a mejorar su economía porque, entre otras
cosas, va a gastar la mitad del dinero que gastaba, eliminando cosas innecesarias
y evitando reimpresiones inútiles. Hay que localizar cuál es el
problema de ese cliente, aislarlo y colocarlo exactamente en su dimensión,
pero para ello es necesario partir de que el diseño no es únicamente
una cuestión de belleza, sino un proceso complejo. Quizá por esta
manera de trabajar, MetaDesign cuenta con grandes clientes como BVG Berliner Verkehrsbetriebe
(la compañía berlinesa de transporte público), la WDR (televisión
de Colonia), Philips, Levi Strauss Co., AEG, la editorial Gruner + Jahr y el Museo
Getty, entre otros. Claro que las apariencias engañan,
porque estos clientes tampoco son fáciles. Spiekerman es consciente de
ello. No ignora que uno de los grandes escollos a la hora de que un trabajo salga
adelante es la política interna de las empresas. Cualquier decisión
ha de pasar primero por distintas jerarquías, en las que se encuentran
personas con opiniones totalmente diferentes e incluso contrarias, que en la mayoría
de los casos se inclinan o no por un diseño en función de su gusto
personal. Como casi siempre, el lenguaje que hablan los diseñadores y el
que utilizan sus clientes son completamente distintos. Por ello, Spiekerman, desde
MetaDesign trata de proporcionarles elementos con los que puedan distinguir lo
que es objetivo de lo que no lo es; quiere que aprendan y entiendan que hay muchas
formas de ver las cosas y que éstas son más complicadas de lo que
parece a simple vista. Ejerciendo de educador, cuando
tiene entre manos un proyecto, propone a quienes están implicados en la
toma de decisiones pequeños ejercicios sobre el nombre de los colores o
juegos en los que les hace preguntas del tipo, «si la empresa fuese un animal,
¿qué animal sería?». Spiekerman intenta, pues, que los implicados
en estas cuestiones sean capaces de estructurar un sistema de valores que no esté
sometido ni a su gusto personal, ni a las relaciones políticas de la empresa.
Sin embargo, no siempre estos planteamientos funcionan, como lo demuestra la frustrada
relación de MetaDesign con el Deutsche Bundespost, el servicio postal alemán.
Afortunadamente, de aquel tropiezo nació
el primer tipo completamente diseñado por Spiekerman: Meta. Concebida como
tipografía corporativa para dicha institución, la Meta surgió
de los intentos de Spiekerman para convencer al Deutsche Bundespost «el
cliente más aburrido que se pueda imaginar», en sus propias palabras,
de la necesidad de acabar con el caos tipográfico que presidía sus
comunicaciones: montones de impresos realizados en infinitas versiones de una
Helvética que en realidad no es tal y que el diseñador alemán
no ha dudado en calificar de «seudo-Helvética». Para ello,
sugirió que lo mejor era crear una tipografía nueva y exclusiva.
En principio, el proyecto pareció que iba a salir adelante pero, finalmente,
Spiekerman chocó de frente con el conservadurismo y la incomprensión.
El Deutsche Bundespost decidió no dar el visto bueno porque consideró
que el proyecto de MetaDesign produciría desorden, cancelando así
un trabajo que ya estaba en marcha y en el que Spiekerman había invertido
buena parte de sus esfuerzos. En alguna conferencia,
el diseñador ha comentado con ironía la razones del rechazo: «no
pensamos que fueran a introducir el nuevo tipo, porque era nuevo. Y todos sabemos
lo que dicen de las cosas nuevas. Son revolucionarias y revolucionarios son los
comunistas. Y los comunistas están en contra de la libertad de empresa
y bla, bla, bla. En fin, que aparentemente esta tipografía iba a minar
las bases de la libre sociedad alemana». Aunque no todo fue negativo. El
desinterés mostrado por el organismo oficial permitió a Spiekerman
utilizar libremente la tipografía que había creado, relanzándola
unos años más tarde. La retomó en 1989 y la digitalizó
para poder usarla en las comunicaciones internas de su propio estudio. Encargó,
entonces, al holandés Just van Rossum, un «auténtico»
diseñador de tipos, los últimos retoques que hicieron de la Meta
una tipografía clara y flexible. Algún tiempo después, MetaDesign
decidió incluirla en el catálogo de FontShop. Meta pasó a
llamarse FFMeta y desde entonces ha sido una de los tipos más solicitados
por los diseñadores, sobre todo de los Estados Unidos; por su ubicuidad
hay quienes han dicho que era la «Helvética de los noventa».
Como hasta aquel momento sólo se presentaba en las versiones normal, itálica
y bold, hubo que ampliar la familia. Para ello, Spiekerman solicitó ayuda
a otro diseñador holandés, Lucas de Groot. Lucas de Groot creó,
también bajo la dirección de Spiekerman, la tipografía Folha
destinada al periódico brasileño Dinheiro, rediseñado desde
Berlín por MetaDesign entre 1994 y 1995. Meta y Folha responden a una manera
de trabajar muy propia de Spiekerman. Cuando no encuentra
un tipo adecuado a sus propósitos lo diseña específicamente para
el proyecto que en ese momento esté llevando a cabo. Otra de las tipografías
más conocidas de entre las producidas por MetaDesign es la Officina. Fue
un encargo de International Typeface Corporation (ITC) y nació como una
fuente intermedia entre los viejos tipos característicos de la máquina
de escribir y los tradicionales de imprenta. La idea de Spiekerman era crear una
pequeña familia, legible y funcional, capaz de cubrir las necesidades de
la correspondencia y la documentación generadas en una oficina. Officina,
como Meta, ha alcanzado una enorme popularidad. Además
de MetaDesign, Spiekerman lleva adelante una empresa tipográfica independiente:
la ya mencionada FontShop. En este caso, comparte sociedad con Ed Cleary en Canadá
y con Neville Brody en el Reino Unido. La trayectoria de FontShop refleja no sólo
el amor por la tipografía de Spiekerman sino, también, una de las
cuestiones que más le interesan: la relación entre el diseñador
y las nuevas tecnologías. Es, asimismo, un buen ejemplo de cómo
en una organización pueden convivir, sin restar unidad y aparentemente
sin fisuras distintas maneras de concebir el diseño. Dejando
a un lado la creación y distribución de tipos, en los últimos
tiempos Spiekerman ha acometido un gran proyecto: el cambio de imagen de la BVG
Berliner Verkehrsbetriebe. Para ello ha rastreado su evolución desde los
años sesenta, en la época de existencia del Muro de Berlín,
hasta llegar a nuestros días, cuando la compañía se ha visto
obligada a la reorganización de todo el sistema de transportes. Spiekerman
es muy crítico con el diseño alemán. En alguna conferencia
ha dicho cosas como que en Alemania existen dos estilos: uno es «el diseño
sin necesidad» que se hace sobre todo en la antigua Alemania del Este, un
pastiche influido por el neocapitalismo y el otro, «la ausencia de estilo
por definición. Son los estándares DIN, en los que las cosas son
definidas, construidas por ingenieros más que por diseñadores».
Pero lo es también con el diseño en general y, sobre todo, con lo
que se hace en el diseño dirigido al público; un público
que tiene que enfrentarse cada día a una línea de autobuses, a un
tren en el que no se ha señalizado o se ha hecho mal donde colocar la maleta,
etc... Con un gran sentido del humor, se
burla de los estilos nacionales, a los que se refiere empleando términos
tales como «pastiche nacional» o «prejuicio nacional»,
y explica con mucha ironía que, por supuesto, el diseño italiano
se caracteriza porque usa el mármol, todo es muy grande, muy elegante,
muy romano y usa muchas letras capitulares; en el diseño francés
predomina la forma de la oliva, y los ingleses son individualistas, informales
y muy conservadores. Por su parte, Spiekerman ha desarrollado un estilo gráfico
muy definido. Como es lógico, presta una especial atención a la
tipografía, elegida cuidadosamente buscando en todo momento la claridad,
pues trata de presentar la información de una manera sencilla para que
al receptor le resulte en todo momento agradable de mirar y de leer. Cuida el
espaciado entre palabras y el interlineado; preocupado por la partición
de aquellas y por la forma de las líneas, no suele justificar los textos.
Cuando juega con superposiciones, lo hace experimentando con formas y colores
pero no con efectos tipográficos que, para él, obscurecerían
la información que se quiere transmitir. Suya es una frase que refleja
bien su manera de pensar: «Legibilidad no es comunicación; pero para
comunicar, el tipo ha de ser legible», aunque también ha dicho: «El
Mac nos ha permitido bajar al tipo de su pedestal; nunca más habrá
un tipo sagrado; podemos manipularlo, de la manera que deseemos» y anima
a los diseñadores a que hagan sus propios tipos. Pero
hay algo particularmente característico del estilo «spiekermaniano»,
ya desde su época de colaboración con Berthold en los años
ochenta: esas barras de color que sitúa en los bordes de las páginas
de una buena parte de sus trabajos. Ningún imitador debe olvidarlo. A su
faceta de escritor debemos la «novela tipográfica» titulada
Rhyme & Reason A Typographic Novel, publicada primero en alemán en 1982
y después en inglés, en 1989, donde con humor expone sus ideas sobre
la tipografía. En 1993 ha aparecido otro de sus libros: Stop Stealing Sheep
& Find Out How Type Works, editado por Adobe Press. En 1992, Spiekerman fundó
con Bill Hill MetaDesign West en San Francisco y en 1995 ha creado una nueva «sucursal»
en Londres. Ambos estudios forman junto al de Berlín un trío que,
a pesar de las distancias, guarda una perfecta coherencia bajo la dirección,
la metodología y el toque personal de Spiekerman.
Raquel Pelta
Artículo publicado
en la revista Visual 
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