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La Compañía
de Mercaderes y sus actividades
Esta asociación
de mercaderes de libros establecida en la Corte va a nacer con un especial cometido:
costear, hacer imprimir y vender en sus tiendas impresos, cuyos méritos
y utilidad, ya demostrados a través de las
sucesivas ediciones, pudiesen reportar beneficios
sin excesivos riesgos. La "Advertencia al que leyere" de una de esas
ediciones costeadas por los libreros no deja duda
sobre este particular al señalar que:
"El
mérito, y utilidad de esta Obra tienen la recomendación, que le
han dado el aprecio de los Sabios, y la repeticion
de sus ediciones, para satisfacer el deseo, y curiosidad de todos. Nada muestra
mas esta verdad, que la falta, que yà se experimentaba de exemplares, sin
embargo de que los han multiplicado modernamente las Prensas extrangeras, cuyos
defectos, por la falta de un perfecto conocimiento de nuestro Idioma, no han contenido
el ansia del Público para buscarlos, y adquirirlos. Todo esto ha empeñado
à la nueva Compañía, establecida en esta Corte, à
presentar una Edicion nueva, en que purgados los errores de las demàs,
se vea tambien, que la Imprenta Española no cede à las extranjeras,
ni en la hermosura del papel, ni en la limpieza del carácter, ni en la
correcta puntuacion, y Orthographìa (...) El Lector se pondrà en
estado de juzgar, si es cierto lo dicho, solo con la primera vista que dè
à esta Obra; y reconocerà el buen deseo de la Compañía,
que procurarà continuar en otras, si mereciere la aceptacion del Público"13. Según
esta explícita declaración la impresión en España
de ediciones de éxito, que en otro tiempo
habían llevado a cabo las prensas extranjeras, se convertía -señalan
los propios libreros- en la meta a alcanzar en beneficio
de la imprenta española y del público. Eran
los mismos libreros que, antes del establecimiento de las medidas de Curiel, no
habían encontrado falta alguna en las numerosas
ediciones que tradicionalmente importaban y vendían
en sus tiendas. Sorprendentemente, ahora los vemos comprometidos en una
empresa que pocos años antes les había parecido injusta e innecesaria.
Entre esos libros útiles que impresos en
el exterior habían tenido una excelente venta en
el país, pero cuyos ejemplares ya escaseaban, se encontraban: el exitoso
Compendio de la Historia de España del jesuita
francés Duchesne que, traducido por el Padre Isla, había
sido impreso en 1754 en Amberes por los hermanos Cramer; la Praxis Eclesiastica
de Suárez de Paz editada en Ginebra y, posteriormente,
en Lyon y la Política para corregidores costeada
por los Tournes en Amberes en 1750. Todos ellos fueron nuevamente impresos
en Madrid y costeados por los Mercaderes de Libros de la Corte. Pero,
la actividad editora de esta nueva Compañía no va a quedar ceñida
a libros de interés impresos en talleres
europeos sino, también, a otros de gran popularidad y venta segura
que, tradicionalmente, habían visto la luz en ciudades españolas
como Madrid o Barcelona. Es el caso de las obras,
Praxis Eclesiástica para secretarios de prelados, Luz de
verdades catholicas o el Año Virgíneo de Dolz del Castellar. Además,
guiados por su afán editor la Compañía
costeará, incluso, alguna primera edición. Sirva como ejemplo la
impresión en 1761 del Arte de canto-llano y órgano de Romero de
Avila. Doce títulos he podido localizar editados
por esta asociación de libreros madrileños, si
bien presumiblemente su número fue mayor 14.
Libros de contenido histórico, religioso, musical
y textos clásicos integran este conjunto dado a la imprenta ente 1758 y
1763. Por otra parte, el éxito en el
despacho de estas ediciones motivará la posterior reedición de
algunas de ellas a lo largo de esos cinco años15.
Ante lo ya expuesto, parece claro, que el primer
paso a acometer por los socios de la Compañía en su nueva actividad
editora, debió ser seleccionar aquellos títulos que consideraban
más adecuados, para pasar a continuación a resolver la cuestión
de la licencia de impresión. Los preliminares de las obras consultadas
nos informan sobre esta cuestión y, a través de ellos, he podido
observar hasta tres circunstancias distintas. Normalmente, tras la solicitud de
la licencia, el Consejo de Castilla la concede directamente a la Compañía
para que ésta pueda imprimir o, en su caso, reimprimir el libro por una
vez. A veces, ocurre que la licencia es pedida no por la corporación sino
por uno de sus socios, de manera particular, y otorgada a él por la autoridad
competente. Por último, en otras ocasiones, la licencia del Consejo es
solicitada y concedida al autor y no a los libreros quienes se limitan tan sólo
a costear la edición. Esta última modalidad se produce cuando el
libro se imprime por vez primera y, por supuesto, en vida de su autor. A
este respecto es interesante reseñar que no siempre los derechos del autor
sobre la impresión de su obra fueron respetados por estos editores, en
un momento en que todavía las leyes de imprenta
no sancionaban de modo expreso esta actitud 16. Así,
el Compendio de Historia de España traducido
por el Padre Isla, no será su traductor, aún vivo,
quien solicite su reimpresión al Consejo. Este pequeño compendio
histórico había visto la luz en Amberes
en 1754 y, cuando se decide su reimpresión en España, la Compañía
ni siquiera solicitará su parecer al Jesuita. A través de la correspondencia
de Isla sabemos que éste sólo recibió
a cambio de aquella reimpresión doce ejemplares, a modo
de obsequio, y que no hubo una petición previa o solicitud de permiso para
llevar a cabo su reedición 17. Ahora
bien, el hecho de que la propia Compañía como tal entidad solicitara
licencias de impresión no significa que cada
uno de los socios mercaderes dejara de desempeñar esta
actividad de modo privado o particular y de manera simultánea. Por tanto,
durante aquellos cinco años, editores como
Bustamante, Mena, Correa y otros asociados seguirán sin
interrupción costeando impresiones por su cuenta con independencia de sus
compromisos con la Compañía. En
cualquier caso, una vez solventados los trámites legales había que
efectuar la impresión pues, como ya se ha
dicho, editar, hacer imprimir y vender en sus tiendas eran las
metas que se habían trazado. Ya hemos hecho referencia a algunos de los
libros que fueron seleccionados, conviene ahora
detenernos en los talleres de impresión donde se elaboraron
tales impresos. Aunque el número de obras localizadas no asciende nada
más que a 15, contando también las
reediciones, creo que es un conjunto lo suficientemente significativo
para nuestro propósito. Son tan sólo dos los impresores que figuran
en los pies de imprenta de estas ediciones: José
García Lanza y Joaquín Ibarra. Ambos
artífices pertenecieron a la Compañía de Mercaderes; el primero
desde 1758 y el segundo, a partir del año siguiente. Sin embargo, curiosamente,
el taller elegido, casi en exclusiva, por los editores fue el de Ibarra, incluso
cuando el impresor aún no formaba parte de ese colectivo. El primer producto
editorial que he localizado data de 1758 y, en aquella fecha, Joaquín Ibarra
no aparece en el listado publicitario. Pese a esta circunstancia es él
quien lleva a cabo la impresión de la obra. A ésta le sigue un volumen
de textos de Ovidio18, impreso en el taller de García
Lanza, pero el resto de la producción editorial que he podido consultar,
está realizada por Ibarra en su oficina de la calle de las Urosas 19. Esta
indudable predilección por el tipógrafo aragonés, desde los
inicios de la Compañía, podría explicar la pronta incorporación
a la misma del impresor en 1759 y su permanencia en ella hasta 1763. Durante aquellos
años la imprenta de Ibarra, había superado las dificultades del
proceso abierto por el Juez de Imprentas en 1756 contra el impresor y el tesorero
de la Hermandad de San Jerónimo, Sebastián de Araujo. Como ya dio
a conocer González Palencia, la inspección de las imprentas dispuesta
por Curiel -por Auto de 23 de febrero de 1756- había detectado en la de
Ibarra la impresión de un Catón cristiano sin las licencias exigidas
y el impresor, que fue embargado y sometido a interrogatorio y carcelería,
vivió meses de zozobra con quebranto grande de su negocio
20. Pero, tres años más tarde, el que
llegara a ser uno de los grandes artífices de la imprenta
española, había diversificado sus actividades hacia la edición
y el comercio de libros gracias a su participación
en aquella empresa. Al mismo tiempo, comienza a consolidarse como
uno de los más solicitados impresores de la Corte. Finalizada
ya la impresión y cumplimentados los trámites de corrección
y tasa, llegaba el momento de comercializar los impresos. Nuevamente correspondía
a los asociados llevar a cabo esta actividad, dando así salida a la tirada,
una vez encuadernados los ejemplares. Desconozco si los libros salían ya
encuadernados del taller del impresor o cada socio en su librería realizaba
esta tarea con los libros que le habían correspondi do 21.
Pero, lo cierto es que los ejemplares eran puestos a la venta en las tiendas de
los libreros que integraban la Compañía. Con este último
paso, los socios daban término a la actividad comercial que se habían
propuesto. Sería interesante poder
constatar la naturaleza jurídica de aquella empresa. La falta de
datos sobre ella y la inexistencia de unos posibles estatutos para su regulación
y gobierno impiden un análisis más
profundo de esta sociedad que, en 1763, cedería su lugar a
la Real Compañía de Impresores y Libreros de Madrid creada en julio
de aquel año. Esta falta de información
impide, por tanto, averiguar que tipo de asociación constituyeron los
mercaderes madrileños. En opinión de R. Franch 22,
por aquellos años comienzan a desarrollarse,
frente a las características compañías "generales" y "comanditarias",
las modernas compañías "por acciones",
donde se encuentran ya los rasgos jurídicos propios de
las futuras empresas capitalistas. Es el tipo de asociación comercial puesta
en marcha en 1759, por la Compañía
de Impresores y Libreros de Valencia a la que seguirá, cuatro
años después, la Real Compañía de la Corte. Estas
dos compañías por acciones, abocadas
al ámbito librario, representan los ejemplos más tempranos de este
tipo de empresas, que, constituidas en la segunda
mitad del siglo XVIII, perseguían favorecer los
diferentes ramos de la industria nacional frente a los competidores extranjeros. 
13
Preliminar
de la obra de Castillo de Bobadilla. Politica para corregidores, y señores
de vassallos en tiempo de
paz, de guerra. T.I. Con privilegio. Madrid: Ibarra, 1759. A costa de la Compañía
nuevamente establecida. 14
La consulta del Catálogo del Patrimonio Bibliográfico sólo
me ha proporcionado aquellas ediciones que indican
en sus portadas los datos del editor. Dado que no siempre la Compañía
hace constar su participación en dichas
portadas, resulta difícil localizar la totalidad de las obras costeadas
por los libreros de la Corte. 15
Luz de Fé y de la Ley... de Barón y Arin fue impreso en 1760 y reeditado
en 1763; Sacrosancti et oecumenici Concilii Tridentini
sub Pailo III, Julio III .... impreso por la Compañía en 1759 y
reeditado en 1761; Compendio de la Historia de
España de 1758 será editado nuevamente en 1759 y en 1762. Sobre
este último ver el artículo de García
Cuadrado, A. La edición española del "Compendio de Historia de España"
de Duchesne: una traducción del Padre Isla.
Revista General de Información y Documentación, Madrid, Universidad
Complutense, 10, 2, 2000, pp. 105-134. 16
Hasta la llegada al trono de Carlos III los derechos de los autores sobre la publicación
de sus obras no serán protegidos por las
leyes de imprenta. La Real Orden de 22 de marzo de 1763 señala que no se
permite conceder privilegio exclusivo a nadie "para
imprimir ningun libro, sino al mismo autor que lo haya compuesto". En esta
misma línea se sitúa la Real Orden de 20 de octubre de 1764 por
la que se determina que los privilegios otorgados
a los autores pudiesen pasar a sus herederos. Novísima Recopilación...,
Libro VIII, título XVI, ley XXIV y XXV. 17
Monlau, F. Obras completas del Padre José Francisco de Isla, con una noticia
de su vida y escritos. Madrid, 1850 (Biblioteca
de Autores Españoles), pp. 484-485, carta CLVIII. 18
Pub. Ovidii Nasonis. Fastorum Libri VI. Tristium Libri V. De Ponto Libri IV...
Matriti: Ex Typographia Josephi Garcia à Lanza, in Areola Angeli. Anno
M.DCCLVIII. A costa de la nueva Compañía de Mercaderes de Libros. 19
El catálogo realizado por Ruiz Lasala, I. Joaquín Ibarra y Marín
(1725-1785). Zaragoza, 1968, no recoge las siguientes
impresiones realizadas en el taller de Ibarra y costeadas por la Compañía:
Compendio de Historia de España de 1758
y 1762, Luz de la Fé y de la Ley... de 1760 y 1763, Sacrosancti et Oecumenici
Concilii Tridentini.... de 1761 y la Historia Alexandri
Magni de Quinto Curcio de 1760. 20
González Palencia, A. Joaquín Ibarra y el Juzgado de Imprentas.
Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo del Ayuntamiento
de Madrid, 13, 49, 1944, pp. 5-47. De mismo autor, Eruditos y libreros del siglo
XVIII. Estudios histórico-literarios. Madrid,
1948, pp. 313-363. 21
En relación al número de ejemplares entregados a cada socio para
su venta, sólo he localizado una ligera referencia
en las Reglas (IX) de la Compañía de Impresores y Libreros. Dice
así: "...los [libros] que se repartirán entre
los accionistas, según cada uno pida, arreglándose á la práctica,
que ha tenido la compañía de mercaderes
de libros en los que ha impreso hasta aquí...", cit. en Larruga y Boneta,
E. Op. cit., p.229. 22
Franch, R. Y Mestre, A. La Compañía de Libreros e Impresores de
Valencia: finanzas y cultura en el siglo XVIII.
Revista de Historia Moderna, Anales de la Universidad de Alicante, 4, 1984, pp.
25-26.       

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