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La Compañía
de Mercaderes y sus integrantes
Teniendo
en consideración las fechas de los distintos preliminares de los impresos
que he podido localizar, es posible establecer,
con la ayuda de los listados publicitarios, la secuencia
de incorporación de los socios, el número de integrantes y los nombres
de aquellos que a lo largo de los cinco años
de vida de la Compañía formaron parte de ella. La
que considero primera esquela, pues la "fe de erratas" del volumen está
fechada en julio de 1758, ofrece un listado de 10
libreros. Unos meses más tarde -septiembre-, su
número se vio incrementado con un nuevo nombre, llegando a 12 al año
siguiente. En enero de 1760 el número de
socios asciende a su cota más alta, 13 libreros, cifra que se
mantendrá hasta marzo de 1762. Finalmente, en 1763, el listado comienza
a disminuir quedando reducido a 11 individuos. Precisamente
esta reducción del número de asociados
va a coincidir con la liquidación de la Compañía de Mercaderes
y la entrada en escena de la Real Compañía
de Impresores y Libreros del Reino 23. Por
tanto, según estos datos, es evidente que
el número de socios fue siempre escaso, alcanzando su máximo
apogeo entre los años 1760 a 1762. Si el
número de libreros resulta reducido con relación a la totalidad
de profesionales que, según el catastro madrileño
de 1757 24, integraban aquel colectivo, los nombres
de algunos de los asociados nos hablan de la importancia
cualitativa de aquella empresa. Entre los libreros que aparecen en el primer listado
publicitario se hallan quienes por aquel tiempo dirigían los destinos de
la Hermandad de San Jerónimo. En 1758, Sebastián de Araujo desempeñaba
el cargo de tesorero, Luis Gutiérrez era uno de sus mayordomos, mientras
que José García Lanza y Francisco Asensio detentaban respectivamente
los puestos de contador y de secretario 25. Además,
entre los primeros asociados se encuentra otro conocido hermano de San Jerónimo,
Francisco Manuel de Mena, el máximo exponente de la oposición de
los libreros de la Corte a la política de
Juan Curiel; el mismo que encabezó las protestas y memoriales
de los 33 libreros de la Villa y Corte en su deseo por anular el Reglamento y
los autos del Juez de Imprentas. Comprador de bibliotecas viejas, distribuidor,
editor, mercader e importador de libros extranjeros
y, más tarde, impresor 26 se constituye en
1758 en uno de los promotores de la nueva Compañía.
Desde su relevante posición en el ámbito librario y con un profundo
conocimiento del comercio internacional, disponía de informaciones exactas
de los libros que venidos del exterior habían tenido una excelente venta.
Por tanto, la elección de los títulos más útiles para
los fines de la Compañía, debió realizarse sin grandes dificultades
a través de este librero tan bien informado. Martín
de la Higuera, López Bustamante, Francisco Fernández øal frente
de la librería de Correa-, Corradi y Esparza
completan el número de libreros que aparecen en el primer
listado publicitario. A ellos se incorpora meses más tarde øseptiembre
de 1758- Bernardo Alverá y al año
siguiente -febrero de 1759- la esquela nos informa de la presencia de
Joaquín Ibarra y de la defunción de Sebastián de Araujo,
quedando su viuda como titular de la librería.
Por su parte, desde octubre de 1759, la tienda de Dñ» Juana Correa,
que en las primeras esquelas se encuentra regentada por el maestro librero Francisco
Fernández, comienza a figurar tan solo con su nombre. A primeros de enero
de 1760 el número de socios se incrementa
con la presencia de Francisco Fernández ahora
con su propia tienda. En 1761 una nueva viuda integra la nómina de socios
al frente de la librería de su difunto esposo,
José García Lanza. Finalmente, en el último de
los listados que he podido consultar -marzo de 1763- se anota un nuevo nombre,
el del entonces simple encuadernador Antonio Sancha.
Las viudas de Araujo y de García Lanza, así
como el librero Luis Gutiérrez han dejado de figurar en la lista publicitaria. Este
es el elenco de socios que integraron la Compañía de los Mercaderes
de libros de la Corte desde 1758 a 1763. Posiblemente, todos ellos pertenecieron
al mismo tiempo a la Hermandad de los libreros, dato que no he podido verificar
por la escasez de noticias para este período 27.
Sí lo fueron con seguridad, junto a los cargos directivos ya mencionados,
Martín de la Higuera, Francisco Fernández, Angel Corradi y Juan
de Esparza. Creo que la privilegiada situación de algunos de estos profesionales
dentro de la Hermandad debió ser fundamental en el éxito de la nueva
empresa. A este respecto resulta muy significativo que ciertas obras que fueron
editadas por la Compañía lo habían sido anteriormente por
los Mercaderes de San Jerónimo 28, como un
medio de recaudar recursos importantes con que poder
hacer frente a sus gastos y socorros 29. Efectivamente,
desde 1651, los libreros de San Jerónimo venían ejerciendo actividades
de edición sufragadas con los fondos de la tesorería y los mismos
cofrades se encargaban de la venta de los impresos en sus respectivas tiendas.
Tenemos aquí el mismo esquema que
más tarde sería utilizado por la Compañía de Mercaderes:
hacer imprimir a su costa y vender posteriormente en sus librerías. Por
tanto, a partir de la creación de la Compañía de Mercaderes
ambas entidades ejercieron esta faceta editorial. Ahora bien, mientras la actividad
costeadora de los libreros de San Jerónimo comienza a debilitarse, la Compañía
consolida su papel editor con el beneplácito y el favor de los propios
cofrades de la Hermandad madrileña. Prueba de lo dicho es que para el período
que estamos estudiando (1758-1763) Paredes Alonso
30 sólo pudo localizar cinco ediciones costeadas
por los cofrades. Por el contrario, la Compañía
edita durante esos años al menos quince. Como
resulta evidente, la interacción de actividades y personas entre ambos
colectivos es un hecho constatado y de indudable
interés en la formación y desenvolvimiento de
la Compañía. No hay que olvidar que el más importante cargo
de la Hermandad de San Jerónimo, el de tesorero,
recaía en 1758 en Sebastián de Araujo, y es precisamente este
nombre quien encabeza la lista de socios de la Compañía en ese momento.
Este hecho, junto a la presencia de Mena y otros
importantes cofrades, nos indica que la idea de
crear y poner en marcha la nueva asociación debió partir de la propia
Hermandad madrileña. 
23
La Compañía de Mercaderes de Libros quedó abolida el mismo
día en que se constituyó formalmente la Compañía
de Impresores y Libreros del Reino, según se dice en las Reglas de la nueva
entidad. Larruga y Boneta, E. Op. cit., p. 229,
regla IX. 24
Matilla Tascón, A. El primer catastro de la villa de Madrid. Revista de
Archivos, Bibliotecas y Museos, 69, 2, 1961, p.
492. En el Arte de libreros se recogen 29 comerciantes en libros, 10 libreros,
31 oficiales que hacen libros en sus casas (encuadernadores),
48 oficiales, 10 mancebos, 49 aprendices más un número indeterminado
de copleros con puesto. Sólo entre los comerciantes,
libreros y encuadernadores tenemos un total de 70
individuos. 25
Joaquín Ibarra y el Juzgado ..., op. cit., p. 42. 26
Mestre Sanchís, A. Francisco Manuel de Mena: La ascensión social
de un mercader de libros proveedor de la elite
ilustrada. Revista de Historia Moderna, Anales de la Universidad de Alicante,
4, 1984, pp. 49-72. 27
Señala J. Paredes Alonso que no ha podido ser fijada la totalidad de los
integrantes de la Hermandad; a partir de 1717 tan
sólo se conservan noticias parciales, ver p. 148. 28
Antes del año 1758 fueron costeados por la los Mercaderes de San Gerónimo:
Sacrosancti et oecumenici Concilii Tridentinii.
Madrid, 1753; Curia eclesiastica para secretarios de prelados..., Madrid, 1662
y 1666; Luz de verdades... Madrid, 1724; Luz de
Fe y de la Ley... Madrid, 1726 y 1732; Año Virgíneo... Madrid, 1727,
1733, 1743. 29
Paredes Alonso, F.J. Mercaderes de libros..., p. 199. 30
Id., p. 101.       

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