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Figura
1
Escritura cursiva de Niccolò Niccoli |

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Figura
2
Tipo cursivo de Aldo Manucio |
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Los tipos cursivos o itálicos, llamados
así por ser Italia el primer país en el que aparecieron, fueron
introducidos en el panorama tipográfico por Aldo
Manucio en el año 1501, y estaban basados en una forma de
escritura que se remonta a principios del siglo XV.
Es mi pretensión en este
artículo, recorres las diferentes variaciones estilísticas que estos
tipos han experimentado desde sus primeros estadios hasta la configuración
de la cursiva moderna de uso común hoy en día. Así, partiendo desde
la primera cursiva de Manucio y las posteriores interpretaciones
caligráficas de Arrigui y Tagliente,
pasaremos por la consolidación de la cursiva clásica de la mano
de los punzonistas franceses del siglo XVI hasta llegar a las variaciones
que para la cursiva supuso el cambio propiciado por la aparición
del estilo moderno. Para terminar, estudiaremos la recuperación
de los tipos cancillerescos a principios del siglo XX.
Un
modelo de escritura
A principios del siglo XV apareció en la corte renacentista de los
Medicis en Florencia, un nuevo estilo de escritura promovido por
el erudito Niccolò Niccoli,
que lo usaba para copiar textos clásicos tanto para uso particular
como para su círculo de amistades; esta escritura basaba sus formas
de caja baja en la minúscula carolingia así como en la mercantesa,
una letra gótica de estilo cursivo usada en Italia. Las mayúsculas, a su vez, estaban basadas en la forma de la romana.
(Figura
1)
Este estilo
de escritura, conocido como lettera cancelleresca fue adoptado
por la Cancillería Papal
para la redacción de las “Breves”,
que eran documentos, generalmente
de tipo administrativo, emitidos por el Papa y redactados en forma
menos solemne que las bulas. Si bien al principio solamente era
utilizado en las firmas, más adelante, durante el pontificado
de Eugenio IV y concretamente al hacerse cargo de la secretaría
papal Flavio Antonio Blondo y, posteriormente, Poggio Bracciolini,
su uso se incorporó al texto completo del documento.
Asimismo,
siguiendo el ejemplo de Niccolò y debido al eco que supuso su aparición
en los documentos papales, su uso se fue extendiendo al ámbito privado
y en particular entre los humanistas que recuperaban obra clásica
o escribían obra propia emulando a los clásicos. En este caso, la
letra adoptaba una forma un poco más pequeña y sencilla que la utilizada
en la Cancillería Papal además de presentar múltiples letras ligadas.
A
finales del siglo XV nos encontramos con dos
estilos bien diferenciados de letra cancilleresca:
uno el usado con propósitos literarios que, como he señalado antes,
presenta unas formas pequeñas, sencillas y escritas con rapidez,
y otro, el diplomático, más formal y con rasgos ornamentales.
La
cursiva de Aldo Manucio
Fue en el año 1501 cuando el “estilo literario” de la letra cancilleresca
se convirtió en tipo de imprenta de la mano de Aldo Manucio. Éste,
al objeto de acercar la cultura clásica al mayor número posible
de lectores al menor coste posible, se embarcó en la edición de
las obras de los clásicos eligiendo para ello un formato que posibilitara
al lector llevar el libro consigo cómodamente (en octavo) y, además,
eligió para su composición un tipo con el cual se identificaran
los humanistas de la época, por lo que nada más lógico que tomar
como referencia la escritura que estos usaban en sus obras y escritos.
Este tipo fue cortado por su punzonista Francesco
Griffo de Bologna.
Según A. F. Johnson (1):
Su debut en el mundo de la tipografía, en el Virgilio de 1501
(2),
no se puede considerar más que un éxito parcial debido a que era
menos elegante que servicial y a que su utilidad estaba seriamente
comprometida por la multitud de ligaduras presentes en la fuente.
Updike da cuenta en su Printing types de no menos de 65 ligaduras
en la citada edición de Aldus.
Efectivamente, la multitud de letras ligadas son una traba a la
lectura fluida del texto, pero, en general, es un tipo legible que
retiene la cursividad de la escritura manual. (Figura
2)
Lo que si se puede asegurar
es que tuvo una gran aceptación por parte de los impresores de los
lugares que, por aquel entonces, llevaban la voz cantante en el
floreciente negocio de la imprenta y pronto los punzonistas italianos,
franceses y alemanes comenzaron a imitar este tipo. De hecho en Lyon se
imprimieron hasta mediados de siglo un número importante de ediciones
contrahechas (3)
de las obras editadas por Aldus y para la primera mitad del siglo
la mayoría de los impresores italianos disponían de la cursiva aldina.
En Alemania podemos citar
varios impresores que trabajaron con tipos que imitaban la cursiva
de Manucio: Froben en Basilea
en 1519, Schöffer en Magunzia
y Knblouch en Estrasburgo en
1520. Por su parte, Thielman Kerver
y Christian Wechel
los utilizaron en París en 1517 y 1529 respectivamente. (4)
Estos tipos, creados a partir
del de Manucio, no aportan ninguna novedad importante en cuanto
a su diseño ya que eran imitaciones más o menos fidedignas del original
y fueron de uso común en toda Europa hasta casi 1545 (5),
acaso, podemos citar el menor número de ligaduras presentes en comparación
con el diseño original de Manucio así como el igual uso que hacen
de la letras capitales verticales.
Como resumen, podemos decir
que Aldo Manucio “abrió la puerta”
al uso de los tipos cancillerescos en tipografía lo que permite
considerar el siglo XVI como el de las itálicas: según A. F. Johnson
en Italia durante los años 1500 a 1600 se imprimieron tantos libros
compuestos en cursiva como los compuestos en romana y, en particular,
podemos señalar que el primer cuarto de siglo se vio dominado por
la cursiva aldina y el segundo por la de Arrigui. El estilo del
tipo aldino, como he señalado anteriormente, presenta unas formas
cursivas pequeñas y sencillas además de múltiples ligaduras y tuvo,
comparado con el de Arrigui,
una presencia más limitada en el tiempo además de una menor importancia
histórica.
    

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