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El tipo itálico
de Basilea
Era algo lógico que el siguiente paso
en la evolución de los tipos cursivos fuera inclinar los caracteres
de caja alta. El primer impresor en experimentar con este nuevo
diseño fue Johann Singrenius, un impresor vienés y, aunque el tipo
no es especialmente atractivo, resolvió de manera eficiente el problema
de la inclinación de las mayúsculas (12).
Respecto al segundo tipo
itálico con las mayúsculas inclinadas, se cree que tuvo su origen
en Basilea (13)
y presenta un notable diseño. Gozó de gran popularidad entre los
impresores y ejerció una notable influencia sobre los diseños posteriores.
Aparte de en Basilea, donde su uso fue muy común, se puede encontrar
en impresiones realizadas en Venecia, Roma, Padua y otras ciudades
italianas, en Frankfurt, en Estrasburgo, en París o en Lyon, donde
fue utilizado por los principales impresores de la ciudad, entre
ellos por Sebastián Gryphius.
(Figura
7)
La caja baja de la itálica
de Basilea presenta una considerable inclinación y mantiene una
mayor distancia entre las letras de lo que era habitual en los tipos
cursivos, lo que la hace algo más legible, mientras que la caja
alta muestra un verdadero muestrario de ángulos en sus caracteres.
La M, N, R y V son los más inclinados; la O y la Q son verticales;
y la A y la P son letras “rasgueadas”.
Al parecer, los punzonistas
de la época encontraban serias dificultades para homogeneizar la
inclinación de los caracteres de caja alta. La itálica de Basilea
se puede considerar la pionera de un nuevo estilo que posteriormente
consolidarían los punzonistas franceses del siglo XVI, en especial
Robert Granjon, y que
fue de uso general en Europa desde 1540 hasta la época de William
Caslon. Según Harry Carter: la verdadera importancia de los tipos
cancillerescos italianos se ha reflejado en su contribución a la
forma de la cursiva moderna. La labor de los punzonistas franceses
fue, principalmente, la combinación de estos con la aldina para
fabricar la cursiva a la que estamos acostumbrados. (14)
Las cursivas francesas
del siglo XVI
La extensión del humanismo por Europa
trajo consigo el de sus formas de expresión, por lo que las cursivas
italianas pronto encuentran su sitio en las cajas de los impresores
franceses, en la época conocida como la “edad de oro” de la tipografía
en este país.
Los principales responsables
del florecimiento del arte de la imprenta en Francia durante buena
parte del siglo XVI fueron cuatro: el editor Robert
Estienne, el impresor Simon de
Colines, el decorador de libros Geofrey
Tory y el cortador de punzones Claude
Garamond.
Hasta el año 1525, en París
se habían utilizado los tipos itálicos de forma esporádica; entre
los impresores que los utilizaron podemos citar a Guillaume Lerouge,
Thielman Kerver y Pierre Vidoue (15).
Pero fue Simon de Colines el que popularizó su uso y para ello copio
los dos modelos existentes, esto es, la cursiva de Aldo Manucio
y la de Arrigui. Colines entre los años 1528 y 1536 produjo tres
tipos cursivos de los cuales el primero (Figura
8) deriva del tipo aldino y los otros dos (Figuras
9 y 10)
del de Arrigui.
En el primero de ellos,
la semejanza con el modelo aldino es casi total excepto por la disminución
de las letras ligadas y por la inclusión de la v además de la u.
En el segundo, los trazos
ascendentes acabados en forma de gota y la presencia de capitales
“rasgueadas” del tipo de la Figura
9 nos lleva a identificarlo con el que usó Arrigui en
el Coryciana de 1524 (Figura
3). Y en el tercero (Figura
10) sus características, principalmente sus remates enlazados,
nos lleva a buscar sus orígenes en la segunda cursiva de Arrigui
(Figura
4). En todos los casos las letras de caja alta son rectas,
una característica que se mantendrá en Francia hasta la llegada
de las cursivas de Garamond y Granjon. (16)
Las
cursivas de Garamond
Como el propio Garamond dejó escrito
(17),
cortó punzones y fabricó tipos siendo prácticamente un niño y por
esto es posible dar crédito a Lottin,
que asevera que en 1510 Garamond ya se encontraba en activo, aunque
nuestras primeras noticias sobre él son de treinta años más tarde.
Los primeros tipos conocidos
de Garamond fueron los que, parece ser, cortó para el impresor Robert
Estienne. En estos, la cursiva se aparta del diseño de Simon
de Colines y se muestra como un tipo con una forma elegante y moderna;
se trata de una fusión de los diseños de Manucio
y de Arrigui y de un paso adelante
en la evolución de las cursivas. (Figura
11)
Conocemos también otros
dos diseños itálicos de Garamond, los cuales fueron creados a instancias
de Jean de Gagny (18)
para apoyar la corta carrera que el punzonista tuvo como editor
y no fueron tan significativos como el primero. Se
tratan de dos tipos derivados de los aldinos, y que no aportan nada nuevo en cuanto a diseño.
Lo único que se puede reseñar es que presentan las mayúsculas inclinadas,
siguiendo la moda aparecida unos años antes. (Figura
12)
Las
cursivas de Robert Granjon
Los diseños cursivos de Granjon son
inmediatamente posteriores a la primera cursiva de Garamond y, como
he citado anteriormente, son los que consolidaron el estilo de las
cursivas francesas del XVI hasta final del XVIII en prácticamente
toda Europa, llegando a ser, de hecho, los tipos cursivos más comunes.
(Figura
13)
Granjon suministró tipos
cursivos a, entre otros, los impresores Jean de Tournes y Sebastián
Gryphius. La fluidez y la inclinación uniforme son las características
principales de estas cursivas, además de la inclusión en la fuente
de una serie de caracteres adicionales con los rasgos prolongados
con propósitos decorativos; parece que la habilidad como decorador
que mostró en sus adornos, también la empleó en sus cursivas.
Las últimas cursivas de
Granjon son las que se muestran en la famosa hoja de la fundición
Egenolff-Berner de 1592 (19).
En ellas, se muestra la maestría y especialización que Granjon alcanzó
en la realización de fuentes cursivas, unos diseños que superaron
a los de Garamond y significaron la consolidación del estilo de
las itálicas pertenecientes a los tipos agrupados bajo la denominación
de antiguos. (Figura
14)
En cuanto a su forma, la
cursiva abandona el siglo en perfecto estado; no así ya en cuanto
a su función, ya que, según Harry Carter:
el proceso de relegación de la cursiva a un papel secundario
se completó a mediados del siglo XVI. Por lo que parece, se llegó
a esa situación como resultado de alternar redondas y cursivas para
conseguir efectos decorativos. (20)
A.F Johnson también nos
da una pista de ello:
A finales del siglo XVI hubo ciertos detalles de que la cursiva
se convertiría en la sirviente de la romana, ya que empezaron a
fundirse sobre el mismo cuerpo que estas. En el catálogo de Plantin
de 1567 las dos familias se muestran totalmente independientes,
pero, en el de la fundición Egenolff-Berner de 1592 cada ejemplo
de romana es seguido de una itálica del mismo cuerpo. (21)
    

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