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Figura
15
Cursiva de la Romain du roi |

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Figura
16
Modificación de la cursiva de la Romain du roi llevada
a cabo por J. Alexandre |

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Figura
17
Cursiva de Fournier |

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Figura
18
Cursiva de Didot |
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Los tipos cursivos modernos
Como resultado de esta evolución,
nos encontramos con que a partir de 1600 ningún grabador de punzones
realizó un ojo de redonda sin acompañarlo de uno de cursiva.(22)
En referencia a las cursivas del siglo XVII, podemos destacar su
decidida inclinación y la irregularidad de su modulación
tanto de la caja alta como de la caja baja; esta irregularidad es
general en la mayoría de los tipos creados durante el Barroco.
En esta época, el centro principal de la creación tipográfica se
trasladó de Francia a los Países Bajos y como figura emblemática
del periodo podemos destacar al punzonista holandés Christoffel
van Dijk, del cual han llegado pocos diseños hasta nosotros.
Uno de ellos es un tipo cursivo que no presenta ninguna característica
que nos haga pensar en una nueva mejora en el diseño de las cursivas.
Este avance tendría lugar un poco más tarde, a finales del siglo,
y tuvo su origen en Francia.
La
romain du roi
Durante el reinado de
Luis XIV en Francia y, al amparo
de la atmósfera que el espíritu de la razón impregna en todas las
artes y las ciencias, se crea en el año 1693 un comité científico,
presidido por el Abab Jaugeon e integrado por matemáticos y filósofos
entre otros, al objeto de racionalizar y sistematizar los conocimientos
de las ciencias y las artes que existían en la época. El campo que
eligieron para comenzar sus trabajos fue el del arte de la imprenta
y una de sus propuestas fue crear un nuevo tipo para uso exclusivo
de la Imprenta Real que fuera acorde con los tiempos y que además
posibilitara la renovación de los caracteres usados en la misma.
El diseño del mismo se llevó a cabo sobre una cuadrícula
al objeto de dotarlo del máximo rigor científico.
La realización de los punzones
fue encomendada al punzonista Philippe
Grandjean, tarea que culmina en el año 1702, año en el que
aparece impreso el tipo por vez primera, en el libro Médailles sur
les principaux événements du régne de Louis le Grand. Por sus características
formales, nos encontramos ante el primer tipo catalogable como de
transición, la antesala de los tipos modernos.
Respecto a la itálica, podemos
señalar algunas novedades que nos llevan a la conclusión de que,
ahora sí, estamos ante otra evolución significativa en su camino
hacia la conversión en un tipo secundario de la romana: (Figura
15)
- Los ángulos que forman los hombros de
la a, m y n se cuadran, lo que conduce a eliminar ciertas irregularidades
de inclinación presentes hasta entonces en los caracteres de caja
baja de los tipos itálicos.
- En los caracteres de caja alta se avanza
asimismo hacia una inclinación a su vez más consistente.
- Pero, quizás, la característica más novedosa
es la presencia de la h con el asta descendente totalmente vertical,
algo nunca visto en los diseños cursivos anteriores y la señal
más evidente del deseo de uniformar la cursiva con la romana.
También merece destacarse la forma de las curvas de la v; una
forma que será corriente en los diseños del siglo XVIII.
Posteriormente y hasta 1745,
se añaden nuevas series y modificaciones al diseño original de la
mano de Jean Alexandre y Louis Luce, punzonistas de la Imprenta
Real. (Figura
16)
En concreto, Alexandre “modifica
los trazos cursivos iniciales de los caracteres de caja baja hasta
convertirlos en algo entre un remate y un trazo inicial de los tipos
antiguos.”(23)
La
cursiva de Pierre Simon Fournier
El siguiente estadio en el desarrollo
de los tipos cursivos, viene de la mano de Pierre Simon Fournier
"Le jeune", miembro de una gran dinastía de impresores
franceses. Fournier, que pronto mostró interés en el grabado de
letras, edita un catálogo con sus creaciones de tipos en el año
1742 titulado Modèles de caractères. En el mismo, junto a
la romana, aparece un nuevo diseño de cursiva. En ella se muestra
claramente la influencia de la cursiva de la romain
du roi y las modificaciones que en ella hizo Alexandre,
pero, lo que en realidad hizo Fournier fue armonizar la romana y
la cursiva y esto fue así porque, según Harry Carter: Fournier
aproximó sus cursivas a la moda imperante en la caligrafía de la
época en la que primaban las formas redondas. (24)
El propio Fournier da cuenta
en el Avis que antecede al catálogo
de la diferencia que presentan sus cursivas:
La diferencia que se puede apreciar entre mis itálicas y las
de las épocas anteriores (que todavía están en uso), es mucho más
grande que la mostrada en las romanas. En varias fuentes se puede
reconocer la mano de los grandes maestros que las realizaron con
unos trazos firmes y uniformes; pero se puede observar en ellas
un cierto aire antiguo, y esto es lo que me he propuesto reformar.
Es por esto que he seguido
mi propio gusto en el diseño de estos tipos para acercarlos a nuestro
estilo de escritura actual y, sobre todo, distinguir con claridad
los trazos finos y los gruesos. (25)
Aparte de su trabajo con
los trazos de las cursivas, Fournier
introdujo remates romanos en la parte superior de los caracteres
de caja baja m, n, p, y r. Como podemos ver en los ejemplos contenidos
en el Modèles, estos remates están inclinados y enlazados. (Figura
17)
Según A. F. Johnson: con
la adición de remates romanos, la ausencia de letras ligadas y la
regularidad en su inclinación, Fournier lleva la idea de la uniformidad
de la romana con la cursiva más allá de lo que nunca antes había
hecho ningún diseñador de tipos. (26)
La cursiva de Fournier fue
muy popular durante los años centrales del siglo XVIII en Francia,
y, según cuenta A. F. Johnson en su type designs: los
principales diseñadores extranjeros como por ejemplo Rosart en Holanda
y especialmente Bodoni en Italia siguieron su modelo.
Pero aunque popular, esta
cursiva tuvo una vida corta ya que pronto se vio superada en las
preferencias de los impresores por el diseño de otro grabador francés
Firmin Didot.
La
cursiva de Firmin Didot
Firmin Didot, miembro como Fournier
de una saga de impresores, cortó su primer tipo romano, el primero
que podemos considerar “moderno”, para su hermano Pierre a la edad
de diecinueve años. Como tipo secundario eligió una cursiva que
apenas mostraba algún rasgo que denotara su origen caligráfico.
Las letras p y q pierden
sus remates inferiores, una reminiscencia precisamente de su origen
caligráfico, y los remates superiores de las restantes letras de
caja baja son romanos, pero, no están enlazados como los de la cursiva
de Fournier; estos son planos para harmonizar con los remates de
la romana moderna. El “color” tipográfico que proporciona es asimismo
más débil que la de Fournier. (Figura
18)
Este nuevo diseño de remates
fue copiado más adelante por la mayoría de fundiciones continentales
y los podemos encontrar en los diseños de los tipos modernos de
Bodoni y de Walbaum,
aunque de manera general podemos afirmar que el tipo de letra cursiva
que va a prevalecer durante el siglo XIX es un tipo que vuelve a
recuperar los remates romanos enlazados, que presenta una gran rigidez
mecánica y carentes de todo rasgo propio que los configure como
un diseño independiente; tienen un “color” tipográfico débil que
va a significar la pérdida definitiva de su individualidad y el
sometimiento como acompañante de la romana, un diseño que también
aparece en las últimas cursivas realizadas por los Didot.
Esto por lo que respecta
a la Europa continental. En Gran Bretaña,
si bien nunca llegaron a aparecer las cursivas con remates romanos,
las características generales de las cursivas, pueden asimilarse
a las primeras realizadas por Didot, como por ejemplo la fundida
por Robert Thorne, aunque hay
algún diseño, en concreto el realizado por el punzonista Richard
Austin para la British Letter Foundry de John
Bell que se aparta
un poco de esta tendencia.
En definitiva, como he señalado
en el siglo XIX nos encontramos con la itálica desempeñando de forma
clara el papel de fuente auxiliar de la romana y habiendo perdido
todo el esplendor de los primeros tiempos de su creación como tipo
de imprenta no ya solo en su función sino también en su forma.
Habrá que esperar a principios
del siglo XX, para poder presenciar la recuperación de la venerable
cursiva cancilleresca.
    

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