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«Estas mujeres editaron tanto a los autores clásicos como a sus contemporáneos; se ocuparon de temas religiosos, científicos, culturales y literarios, con diversos grados de calidad estética y tipográfica pero sin duda con máxima entrega para no perder la lealtad de sus clientes, civiles, reales o religiosos.
En algunos casos nos encontramos con mujeres que estuvieron varias décadas al frente de sus empresas»

 

Historia
Herederas de la letra: mujeres y tipografía en la «Nueva España»
por Marina Garone Gravier




 

 

 

 

 

 



Figura9
María Fernández de Jáuregui

 

 

 



Figura 10
Inés Vásquez Infante, viuda de Juan de Borja y Gandia

 

 

 



Figura 11
Catalina Cerezo, viuda de Miguel de Ortega y Bonilla

 

 



Figura 12
Francisca Reyes Flores

 

 

 



 

 

 

 

 

 

 

6) Imprenta de la Biblioteca Mexicana, José de Jáuregui, herederos de José de Jáuregui, José Fernández de Jáuregui y María de Fernández de Jaúregui
Juan José Eguiara y Eguren fue fundador y dueño de la imprenta de la Biblioteca Mexicana, que trajo a México en 1744 para dar a luz la obra del mismo nombre. La imprenta no comenzó a funcionar sino hasta 1753 y desde su apertura tuvo importantes encargos. Eguiara falleció en 1763; sólo hasta mediados de 1767, José de Jáuregui adquirió la imprenta, quien conservó su antiguo nombre hasta 1774, año en el cual le agregó el de Nuevo rezado, trabajó en ella hasta su muerte, en 1778.

Herederos de José de Jáuregui
La imprenta siguió ostentando los títulos de Imprenta de la Biblioteca Mexicana y del Nuevo rezado hasta 1781, cuando aparece bajo el nombre de Imprenta nueva madrileña, con el fin de indicar que había llegado nuevo material tipográfico de esa ciudad 25, lo que redundó en pedidos de mayor importancia. El taller continuó trabajando hasta 1791 con el nombre de Herederos de José de Jáuregui, fecha en la cual apareció como propiedad de José Fernández de Jáuregui, posiblemente sobrino del anterior.

María Fernández de Jáuregui
Con el fallecimiento de José Fernández de Jáuregui, a fines de 1800, la imprenta instalada en la calle de Santo Domingo pasó a manos de María Fernández de Jáuregui o María Dolores de Jáuregui, como también se le conoce. Aunque el parentesco no es claro, pudiera ser hermana de José y por esa razón se hiciera cargo de la imprenta a la muerte de aquél. Desde 1803 los impresos llevan su nombre, entre los que cabe mencionar numerosos opúsculos, los Oficios Santos, de los cuales era titular y el Semanario económico. Entre 1805 y 1806 se encargó de la primera época del Diario de México, y entre 1812 y 1813 de la segunda 26. María Fernández de Jáuregui murió en 1815 y es una de las últimas mujeres impresoras que se conocen hasta ahora durante de la época colonial. 27 Figura 9

Juan de Borja y Gandia e Inés Vásquez Infante
Juan de Borja y Gandia se establece como mercader de libros en los portales de la Catedral de Puebla a mediados de 1654 y más tarde como impresor. Muere en septiembre de 1656, fecha en que comienza a figurar a cargo del taller su viuda, Inés Vásquez Infante. La imprenta permaneció abierta hasta 1682. Figura 10

Miguel Ortega y Bonilla y Catalina Cerezo 28
Miguel Ortega y Bonilla comenzó a imprimir en la ciudad de México en octubre de 1711, pero en 1712 ya radicaba en Puebla, después de haber comprado la imprenta a Diego Fernández de León. Trabaja hasta 1715, año desde el cual figura su viuda, Catalina Cerezo. La imprenta de la viuda de Ortega y Bonilla estaba en el Portal de las Flores, en Puebla, y continuó como única impresora de la ciudad hasta 1723, cuando se establece Francisco Javier de Morales. A fin de renovar su taller, hacia 1722 pidió al bachiller Gabriel de Rivera y Calderón, de la dinastía de impresores del mismo apellido, que llevara a cabo las gestiones para comprar una imprenta en México. Catalina Cerezo entabló diligencias ante el virrey Marqués de Valero para obtener el privilegio que habría heredado con la compra de la imprenta de Diego Fernández de León. Cerezo trabajó hasta su muerte en 1758, estuvo al frente del taller durante 43 años. Después de su muerte, la imprenta siguió con el nombre de Herederos de la Viuda de Miguel de Ortega y funcionó de 1773 a 1777. Figura 11

Francisca Reyes Flores
Doña Francisca Reyes Flores tuvo a su cargo la primera imprenta de la ciudad de Oaxaca a partir de 1720, aunque falleció en 1725; es posible que, además del único libro que se conoce hasta el momento, haya impreso obras breves como invitaciones, estampas, esquelas, que difícilmente llegan hasta nuestros días. Su taller se considera importante porque parece ser que "heredó" los instrumentos de Juan Pablos y, asimismo, en la única obra que se conoce se usó material tipográfico de Enrico Martínez. 29
Figura 12

Reflexiones finales
Debo mencionar que en este trabajo no fue mi intención establecer una diferencia en cuanto a la práctica formal del trabajo editorial y tipográfico entre hombres y mujeres. Para identificar diferencias habría que trazar parámetros de carácter histórico que permitieran localizar las recurrencias en los trabajos, en lo que toca a: 1) el género de obras que mujeres y hombres imprimían con mayor frecuencia; y 2) el tipo de órdenes religiosas o autoridades políticas para las que trabajaban de manera más constante; en otras palabras, habría que determinar cuáles eran los temas y quiénes los clientes.

Para valorar la presentación gráfica de estas obras habría que hacer un estudio más sistemático y detallado de los impresos, tarea que pretendo realizar en un futuro no muy lejano. En este sentido se podría rastrear el origen –por herencia o adquisición posterior– de la dotación tipográfica, viñetas, grabados y misceláneas de los talleres administrados por hombres y mujeres respectivamente y analizar los factores que influían en la selección de las letrerías y el diseño gráfico de las obras. En relación con los contenidos o las categorías de textos (sermones, libros de teología, indulgencias, bulas, letanías, distinta clase de libros en lenguas indígenas, gramáticas, tesis, libros científicos, etcétera), las impresoras mexicanas no dejaron ningún tipo de obra sin trabajar; en principio no parecería haber una discriminación temática según el género del impresor.

La información sobre las categorías temáticas de los impresos y el tipo de clientes nos orientará a no sobrevalorar o, tal vez, menospreciar los aspectos visuales que cada una de los géneros textuales implicaba, y nos prevendrá ante el riesgo de tener apreciaciones superficiales sobre el resultado estético de los libros. Estos aspectos del trabajo de las imprentas, y otros más, sólo se podrán profundizar si se cuenta con suficiente material documental así como ejemplos físicos de las obras que nos permitan establecer genealogías consistentes, cronologías más precisas de estas impresoras y analizar con claridad los rasgos estilísticos de sus trabajos.

Una cosa que claramente se debe resaltar, del breve recorrido realizado, es la notable capacidad empresarial que tuvieron las mujeres en el ámbito tipográfico y editorial novohispano. Por lo que toca a las viudas, al heredar los negocios de sus maridos se constituyeron en un grupo económicamente poderoso y activo. Probablemente este impulso estuvo alentado por la necesidad de mantener a sus familias y, también, por la competencia que establecieron con los otros impresores varones para ganarse una clientela estable. La notoria presencia, en cantidad y calidad, de las impresoras novohispanas se hace aún más evidente si se la compara con la labor editorial del resto de los virreinatos americanos, particularmente Perú o Argentina, lugares donde la imprenta estuvo asociada desde sus inicios con las órdenes religiosas y constituyó un espacio predominantemente masculino. Espero, con estas pocas páginas, haber dado un testimonio y contribuido a paliar, al menos parcialmente, el desconocimiento sobre el legado de las mujeres en la tipografía y la imprenta de la Nueva España.

Bibliografía

Anexo: Esquema de las genealogías de impresoras novohispanas

Este ensayo ha sido publicado en el libro "Casa de la Primera Imprenta de América," coeditado por la Universidad Autónoma Metropolitana y el Gobierno del Distrito Federal de la Ciudad de México, México, 2004.

La autora
Marina Garone Gravier (Argentina, 1971) Diseñadora de la Comunicación Gráfica, obtuvo la medalla al mérito universitario (Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1991-1994). Es maestra en Diseño Industrial (Universidad Nacional Autónoma de México, 1996-1998), recibió mención honorífica por la tesis Tipografía y diseño industrial. Estudio teórico e histórico para la representación tipográfica de una lengua indígena. Estudió tipografía y diseño en la Escuela de Diseño de Basilea, Suiza (2000).

Actualmente desarrolla su tesis doctoral sobre la historia de la tipografía colonial para lenguas indígenas, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, y es docente del seminario sobre arte y diseño de la Maestría de Diseño Industrial de la misma universidad. Ha desarrollado una intensa actividad académica y de investigación en instituciones de México y Argentina.

Ha presentado ponencias en congresos nacionales e internacionales (Milán 2000; México D. F. 2001, Estambul 2002; Mérida, Venezuela 2003; Veracruz, México 2004; Valencia 2004). Ha publicado ensayos y artículos en revistas de México, Argentina y EUA. Es cofundadora y editora de Designio. Libros de diseño; editora asociada de la revista Tiypo, primera revista mexicana sobre tipografía y miembro de los comités editoriales del suplemento de libros Hoja por Hoja, y de las revistas DeDiseño, Encuadre (Asociación Mexicana de Escuela de Diseño Gráfico), e Innova (Venezuela). Es miembro de la Asociación Tipográfica Internacional.

25 Parece no haber sido la única remesa ya que en la Gazeta del 8 de abril de 1788 se anunció que se iba a estrenar material tipográfico recién llegado de España.

26 Iguiniz, op. cit,  p. 39.

27 Es importante mencionar, que por razones de espacio se han dejado fuera del ensayo los datos de la viuda de Rodríguez Lupercio, de nombre desconocido, y que estuviera al frente de la imprenta de su marido entre 1683 y 1696; asimismo no se ha tratado a Petra Manjarrez y Padilla, también viuda e impresora de Guadalajara en el siglo xix (1808-1821).

28 También se la encuentra con el nombre de María y Manuela.

29 Juan Pascoe establece el siguiente linaje de los enseres de impresión: Juan Pablos, Pedro Ocharte, Leonardo Fragoso (que no fue impresor pero que al comprarle la imprenta ayuda a salir de la cárcel a Ocharte), Pedro Balli, viuda de Pedro Balli (Catalina Valle), Jerónimo y Fernando Balli, Herederos de Pedro Balli, Diego Garrido, Viuda de Diego Garrido, Diego Gutiérrez, Miguel de los Olivos, Juan de Borja, viuda de Juan de Borja (Inés Vázquez Infante), Diego Fernández de León, quien armó e instaló un taller en Oaxaca, que luego se le rentaría a Francisca Flores. En Isabel Grañén Porrua et al., La historia de la imprenta en Oaxaca, Oaxaca, Biblioteca de Burgoa-uabjo, 1999, p. 8.


 

   

 

  

 

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