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de la edición del Quijote de Joaquín Ibarra | 
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Uno
de los tipos utilizados por Ibarra |


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El libro español tiene, en el siglo XVIII,
un tratamiento especial a través de tres grandes talleres: el de Antonio
Sancha, la Imprenta Real y el de Joaquín Ibarra, siendo este último
el más importante.
Joaquín Ibarra
y Marín nació en Zaragoza el 20 de julio de 1725. Durante su juventud
residió en Cervera (Lleida), donde a la sazón su hermano Manuel
tenía a su cargo desde el año 1735, como primer oficial, la Imprenta
Pontificia y Real de la Universidad. En ella alternó su aprendizaje tipográfico
con los estudios, llegando a dominar el latín como los hombres doctos de
su época. En 1754 se trasladó
a Madrid, donde conquistó universal renombre con el taller de imprenta
que allí instaló. Fue un notabilísimo innovador, suya fue
la idea de satinar el papel impreso para quitarle la huella de la impresión,
así como la modificación del empleo de la V como U, y el de la S
larga como F, que por tradición se utilizaban hasta entonces. Las tintas
utilizadas por Ibarra eran de una calidad y brillantez excepcionales. Se decía
que empleaba una fórmula especial y secreta inventada por el. Cuando
no existía todavía una unidad de medida para la composición
de la plana, Ibarra tomaba las medidas del ancho de la misma a emes justas de
parangona, que equivalía al moderno cuerpo 18, adelantándose, por
tanto, a Didot
y Fournier, creadores del punto y del cícero respectivamente. Según
cuentan aquellos que le conocieron, Joaquín Ibarra era exigente en la admisión
de oficiales y no recibía muchacho alguno como aprendiz si no conocía
regularmente por lo menos la lengua latina, además de ciertas nociones
de cultura general. El mismo examinaba a oficiales, prensistas y cajistas.
Retribuía bien al personal; no le agobiaba poniéndole mucho quehacer,
pero sí requería gran esmero en el trabajo. Corregía, enmendaba,
aconsejaba,...; ser operario de aquella casa era en toda España, motivo
de orgullo. En el taller de Ibarra solo había
16 prensas para la impresión, pero sus operarios pasaban de ciento, algunos
notables pintores y grabadores, como Salvador Carmona y Mariano Maella. Las estampaciones
de Ibarra se distinguen por la nitidez de impresión y vigor de la tinta.
Todas ellas, aun las más ricas y soberbias, no son aparatosas, sino sencillas
y tan correctas que en ellas se puede ver una muestra del arte tipográfico
español del siglo XVIII en todos sus aspectos. Fue
en su taller donde germinó la idea de escribir metódicamente las
observaciones técnicas y elevarlas a reglas, dando lugar después
en 1811 a la publicación del primer manual de tipografía española,
titulado Mecanismo del Arte de la Imprenta, escrito por el regente de la Compañía
de Impresores y Libreros del Reino, don José Sigüenza, discípulo
que fue de Ibarra. Su taller madrileño
estuvo abierto hasta 1836 y se calcula que en ese periodo salieron unos 2.500
libros, aunque sólo se han localizado la mitad. Su obra más famosa
es la Conjuración de Catilina y la guerra de Yugurta, de Salustio (1772).
Se hizo una tirada especial de 120 ejemplares, para obsequio de los miembros de
la Familia Real y otras personalidades españolas y extranjeras, que sirvieron
para que se conociera el arte de Joaquín Ibarra fuera de nuestras fronteras.
También le dio gran fama la impresión del Quijote, por encargo de
la Academia, en honor a Cervantes, terminado en 1780. Cuando el libro fue terminado,
se presentó a Carlos III, que reunió orgulloso a todos los embajadores
extranjeros. Cuenta una anécdota que
el rey Carlos III, visitante asiduo de su imprenta, le preguntó en cierta
ocasión, que cómo era posible que su obra, tan bien impresa, necesitase
fe de erratas; a lo que contestó el maestro: "Señor, no es
obra perfecta la que carece de tal requisito". Otras
obras de Ibarra son la Historia general de España, de Juan de Mariana (1780)
dos tomos en folio y a dos columnas; la segunda edición del Viaje de España,
de Antonio Ponz, dieciocho tomos en octavo impresos entre 1776 y 1794; Paleografía
española (1758); Historia de las plantas (1762); el Breviarium Gothicum
Secundum Regulam Beatissimi Isidori (1775); y la Biblioteca Hispana Vetus e Nova,
(1783-1788), en cuatro volúmenes. Joaquín
Ibarra y Marín falleció en Madrid el 13 de noviembre de 1785.
En el año
1998 y con motivo de la edición facsímil del Salustio,
la empresa San Francisco, Artes Gráficas, de Zaragoza recuperó
una fuente de los tipos utilizados por Ibarra para la impresión
de esta obra.
Estos tipos,
en su versión regular y cursiva, los puedes encontrar aquí
en formato digital. 
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