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en Leipzig en 1902 e hijo de un rotulista, Jan
Tschichold practicó la rotulación y la caligrafía desde
muy joven a la vez que se interesaba por el diseño de libros. Su principal
deseo era convertirse en un artista, pero sus padres, que deseaban para el un
oficio más «seguro» le persuadieron para que se convirtiera
en profesor de dibujo. Poco a poco fue introduciendose en el mundo de la caligrafía
y el diseño de tipos, su libro de cabecera era Writing & Iluminating,
& Lettering escrito por el gran calígrafo inglés Edward Johnston
y traducido al alemán por Anna Simons.
En 1921, a la edad de diecinueve años,
el director de la Academia de Leipzig Walter Tiemann le propuso
impartir clases de caligrafía en ella; su carrera había
comenzado, pero la mecha que prendió la llama fue una visita
a la primera exposición de la Bauhaus en Weimar en agosto
de 1923. Allí fue el primer sitio donde pudo contemplar arte
moderno y sobre todo un tratamiento de la tipografía que
era más una forma de arte que un medio de comunicación.
Aunque Tschichold nunca llegó a ser un miembro de la escuela
fue el primero en racionalizar y formular sus nuevas ideas de forma
sistemática y orientadas al trabajo diario del impresor.
Su primer libro fue Die neue Typographie,
1928, obra capital sobre la tipografía, al cual pertenece el primer pasaje
que aquí os presentamos; el segundo pasaje pertenece a su sexto libro Typographische
Gestaltung, 1935, y en ambos se nos muestra el posicionamiento tanto ideológico
como formal que llevó a Jan Tschichold a abanderar el movimiento conocido
como «nueva tipografía». Bibliografía:
- The new typography (Die neue
Typographie) Jan Tschichold. University of California Press, 1995 - The
form of the book Jan Tschichold. Hartley & Marks/Lund Humphries, 1992
- Jan Tschichold Typographer Ruari McLean. Lund Humphries/David Godine,
1975 
El hombre
moderno ha sido absorbido por una masa de material impreso que, lo haya solicitado
o no, le es entregado en su buzón o al atravesar las puertas de su casa.
En un principio los impresos de hoy se diferencian de los antiguos menos en la
forma que en la cantidad. Pero a medida que la cantidad se incrementa,
la forma a su vez empieza a cambiar: la velocidad con la que los modernos consumidores
de impresos deben absorber estos hace que la forma de los impresos deba adaptarse
a las condiciones de la vida moderna. Como norma nosotros no solemos leerlos tranquilamente
línea a línea sino más bien echando un vistazo general y
sólo si logra captar nuestro interés pasamos a leerlo en detalle. La
forma y el estilo de la tipografía antigua estaba adaptada a las necesidades
de sus lectores, que disponían del tiempo suficiente para leer línea
a línea de una manera sosegada. Para ella, la función todavía
no jugaba ningún papel significativo. Por esta razón la tipografía
antigua tenía menos que ver con la función que con lo que era conocido
como «belleza» o «arte» y por esto los problemas estéticos
(elección del tipo, mezcla de tipos y ornamentos) dominaban sobre cualquier
consideración sobre la forma. Es por esta razón que la historia
de la tipografía desde Manuzio no es más que la búsqueda
de la claridad de la apariencia (la única excepción comienza en
el periodo de Didot, Bodoni, Baskerville y Walbaum) encarnado en el desarrollo
de tipos históricos y ornamentos. Esto
dejó para nuestra época encontrar una respuesta al problema de la
forma o diseño. Mientras que hasta ahora la forma ha sido considerada como
algo externo, un producto de la «imaginación artística»
hoy estamos más cerca de reconocer su esencia a través de los renovados
estudios de la naturaleza y más especialmente de la tecnología (que
es solamente un tipo especial de naturaleza). Ambas, naturaleza y tecnología,
nos enseñan que la forma no es independiente sino que depende de la función
(propósito), independientemente de los materiales utilizados (orgánicos
o técnicos) y de como hayan sido estos utilizados. Así es como se
originaron las maravillosas formas de la naturaleza y las igualmente maravillosas
formas de la tecnología. Asimismo, podemos describir las formas creadas
por la tecnología también como orgánicas (en un sentido intelectual)
al igual que las creadas por la naturaleza, pero lo normal es que mucha gente
vea solamente las formas superficiales de la tecnología, que admiren su
belleza - de aeroplanos, coches o barcos- en vez de reconocer que la perfección
de su apariencia es debido a la precisa y económica expresión de
su función. Durante el proceso de elaboración
de la forma ambas, tecnología y naturaleza, usan las mismas leyes de economía,
precisión, mínima fricción y más. La tecnología
por su propia naturaleza nunca puede ser un fin en si misma, sino un medio para
conseguir un fin y puede, por esto, forma parte de la vida espiritual de los hombres
sólo indirectamente mientras que los restantes campos de la creatividad
humana se elevan por encima de las formas puramente funcionales o técnicas.
Pero ellas también, siguiendo las leyes de la naturaleza, se orientan en
busca de la claridad y pureza de su apariencia. De este modo, el descarte por
parte de la arquitectura de las fachadas ornamentadas y los muebles decorados
y el desarrollo de sus formas derivadas de la función del edificio hace
que estos se construyan no de fuera hacia adentro, sino de dentro hacia afuera,
el camino natural. Así también
la tipografía se libera de sus formas superficiales y formalistas del presente
llamadas «tradicionales» y que son diseños que llevan largo
tiempo fosilizados. Para nosotros, la sucesión de estilos históricos,
reacciones encontra del Jugendstil o «Art Nouveau», no son más
que pruebas de incompetencia creativa. No puede, y no debe, servirnos de ayuda
hoy en día la extrema inflexibilidad de la tipografía de siglos
anteriores, ella misma condicionada por su propio tiempo. Nuestra era, con objetivos
totalmente diferentes y con diferentes caminos y tecnologías disponibles,
debe dictar nuevas formas externas. Aunque su significado es innegable, pensar
hoy que la Biblia de Gutenberg representa un logro que nunca podrá ser
alcanzado es una ingenua y romántica tonteria. Si queremos realmente
probar nosotros mismos el valor de los logros del pasado que son claramente significativos,
debemos fijar que nuestro propios logros trasciendan a nuestro tiempo. Sólo
podrán llegar a ser «clásicos» si son atemporales. La
esencia de la nueva tipografía es la claridad. Esto la pone en deliberada
oposición a la antigua tipografía cuyo objetivo era la «belleza»
y cuya claridad no tiene nada que ver con el alto nivel que se requiere hoy en
día. Esta extrema claridad es necesaria hoy porque las múltiples
cantidades de impresos que reclaman nuestra atención, requieren una gran
economía de expresión.
Jan Tschichold
Die neue Typographie
Berlin,1928


«La
palabra» La
correcta composición de la palabra es el punto de partida de la tipografía.
Las letras por si solas tenemos que aceptar que son meras formas creadas por el
grabador o el diseñador. La relación de las letras entre ellas es
el trabajo del justificador en la fundición y su deber es buscar la correcta
regularidad y ritmo entre las mismas por lo que su trabajo es tan importante como
el del grabador. Muchos buenos tipos creados recientemente han sido echados a
perder por una justificación estrecha y esto fuerza al componedor a mejorar
las palabras compuestas con tipos grandes añadiendo espacios extras entre
sus letras. Aparte de esto, el espacio entre
letras es siempre perjudicial. El espaciado de letras capitales, aunque técnicamente
es igual, no se considera un espaciado en este sentido. La composición
normal de una palabra es siempre la más legible; el espaciado entre letras
solamente reduce su legibilidad, por eso, la falta de espacio entre las letras
de una palabra es la forma más bella de componerla. Y esta forma compacta,
es un requerimiento esencial en la nueva tipografía, además de ser
más económica ya que el espaciado lleva tiempo, es más caro
y rompe la forma de la palabra. Por todas estas razones es inaceptable en la nueva
tipografía y no debe ser utilizado para alterar artificialmente la longitud
de una palabra con el fin de ocupar un espacio determinado ni para enfatizar una
composición ordinaria de texto.
Jan Tschichold
Typographische Gestaltung
Basle,1935


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