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sanserif de Edward Johnston creado para el metro de Londres | | |
El ensayo sobre los tipos sanserif de Harry Carter es un
modelo de análisis tipográfico. Apareció en The Curwen Press
Miscellany en 1931. Esto fue un año después de su traducción
del Manual Tipográfico de Fournier y tres años después de
la aparición de Die neue Typographie de Jan
Tschichold, libro que tiene mucho que ver con los tipos sanserif y que si
no es citado por Carter seguro que fue debido a que no tuvo oportunidad de leerlo
ya que por aquel entonces muy pocos ejemplares del mismo fueron introducidos en
Inglaterra. Otro gran trabajo de Carter fue la monumental traducción
de las historias de Herodoto publicadas (en unas 600 páginas) por la Limited
Editions Club en 1958 con ilustraciones de Edward Bawden. Era además un
gran lingüista ya que aprendió el latín y el griego, conocía
perfectamente el francés y se expresaba fluidamente en alemán, español,
holandés y ruso.Después de graduarse
en Historia en Oxford y practicar como abogado se interesó vivamente por
el mundo de la imprenta llegando a ser Director de producción de la Kynoch
Press, bajo la supervisión de Herbert Simon, durante los años
1929 a 1937 y donde diseñó dos catálogos de tipos y una serie
de imaginativos diarios de la casa con ilustraciones de Edward Bawden, Eric Ravilious
y otros. También trabajó durante un año para la Nonesuch
Press de Francis Meynell. En 1954 volvió a Oxford para convertirse en archivero
de la imprenta universitaria y comenzar a escribir sobre la historia de la imprenta. Bibliografía:
- A view of early typography
Harry Carter, London, 1971 
El
nombre «sanserif» transmite a un impresor una categoría de
tipos que no solamente adolecen de remates sino también que entre sus trazos
gruesos y delgados no existe apenas contraste. Ellos son la forma natural
de una letra que ha sido realizada por alguien que escribe con otra herramienta
que no sea un lápiz o un pincel. Existen razones para pensar que este tipo
de letra fue importado a la imprenta a partir de modelos de alfabetos inscripcionales
cuyo uso primordial fue el de dar un aire de monumentalidad a los escritos realizados
con los mismos. Aunque un impresor seguramente apreciará en ellos su durabilidad
debido a la ausencia de remates y trazos finos que pudieran romperse debido al
uso diario. Los tipos sanserif hacen su aparición
en Inglaterra durante los años 1820 a 1830, década en la que podemos
situar el ascenso de los «tipos comerciales» como una clase específica.
Johnson en su Typographia de 1824 da cuenta de este florecimiento: «Aparte
del gradual perfeccionamiento de los tipos de metal, nuestras fundiciones (imitándose
unas a otras) añaden a sus colecciones todo tipo de letras ornamentales
junto a unos nuevos caracteres que denominan egipcios;
estos últimos se encuentran actualmente en todo tipos de placas, comercios,
etc. Asimismo aparecen unas letras conocidas como sanserif, grotescas o góticas
y que se muestran por primera vez en un catálogo británico de 1832.
En 1835 Figgins incluye un juego completo
de las mismas anunciándolas cómo «un gran surtido de las letras
comerciales más modernas» ; los tipos sanserif fueron cortados de
diferentes formas, condensados, extendidos, gruesos, finos... pero siempre al
estilo moderno como nos recuerdan las proporciones de las letras y la curvatura
de sus trazos. Así las letras B, E, L, S, Y, son comparativamente anchas
y la H, M, N, estrechas; la J y la R tienen curvas modernas. Poco después
se corto un tipo en caja baja. Es muy difícil diseñar un juego satisfactorio
de minúsculas sin trazos finos y gruesos. La letra romana tradicional de
caja baja es esencialmente caligráfica y en una letra de un peso ordinario
el engrosamiento de los trazos finos dará como resultado una distorsión
del blanco interno que puede afectar al color tipográfico de la página.
Los diseñadores de tipos sanserif del siglo XIX recurrían a un subterfugio
que consistía en adelgazar los filetes de la «a» y la «e»
lo cual no era muy elegante. Los tipos sanserif
disponían de un lugar destacado en todas las imprentas y sus iniciales
asociaciones monumentales fueron desechadas conforme crecía su uso en todo
tipo de trabajos de remendería ya que su legibilidad y durabilidad los
hacían perfectos para impresiones de etiquetas, embalajes, envolturas y
demás propósitos comerciales. Por otra parte, esto les hacía
ganarse un cierto descrédito entre aquellos que se preocupaban por los
tipos bellos y la impresión de calidad. Cuando las enseñanzas
de William Morris
fueron tomadas en consideración por las imprentas ¡Cuantos impresores
vaciaron sus cajas de tipos góticos y grotescos con todo tipo de extensiones
y condensaciones y acabaron vendiéndolos como chatarra! Las
robustas virtudes de los tipos sanserif sólo estaban esperando una explotación
inteligente por parte de unos diseñadores que intuyeran su potencial y,
que con la ayuda de una nueva generación de impresores, los ayudaran a
volver a gozar del favor del mundo editorial. Los modernos métodos
mecánicos de fabricación de los tipos estaban especialmente bien
adaptados para este particular estilo de letra, pero la recuperación del
prestigio de los tipos sanserif se lo debemos al genio de tres hombres: Gerard
Meynell de la Westminster Press; Frank Pick director de publicidad del metro de
Londres y el calígrafo Edward Johnston. Fue Gerard Meynell quien sugirió
al metro de Londres que sería una buena idea que éste dispusiera
de una tipografía diseñada por Edward Johnston y Frank Pick, con
una audacia rara en las grandes empresas, dejó al diseñador mano
libre para desarrollar el proyecto. La «Underground Sans» que
hizo su aparición en 1918 demostró que las ventajas técnicas
de un bloque de letras puede ser asociado con un tipo de belleza muy apreciada
por las artes aplicadas. Con respecto a los objetos de uso diario a nosotros nos
gusta sentir que su forma ha sido dictada por consideraciones funcionales; los
ornamentos y la apariencia de suntuosidad ya no son apreciados. De este modo el
sentimiento moderno escogió los sanserif de las cajas de tipos victorianas
para preservarlos y condenar al resto. El
tipo sanserif de Edward Johnston posee una gran belleza y fue el primero de la
gran variedad de ellos aparecidos en el siglo XX. Es un miembro de la familia
de tipos antiguos ya que está basado en los modelos inscripcionales romanos
y la forma esencial de las letras es la misma que la de Jenson
o Caslon; sólo
su estilo ha sido dictado por la función. La ausencia de remates y trazos
finos es natural y apropiada para letras grandes que van a ser usadas en unas
pocas palabras para ser vistas a una cierta distancia. Los trazos finos son usuales
cuando la economía del espacio es un parámetro a considerar y los
remates ayudan al ojo a fijar y seguir una línea en un conjunto de texto;
ambos son ayudas para la lectura rápida, pero ninguno de los dos son una
ayuda para una lectura segura y son inapropiados para una leyenda corta dispuesta
en un espacio amplio para su lectura. Estas son dos de las razones por las cuales
nosotros instintivamente proclamamos los bloques de texto usados en el metro de
Londres como adecuados y agradables. Pero
estos tipos tienen también otras virtudes: el ojo los distingue claramente
del texto que los rodea en composiciones comerciales, rompen con la tradición
literaria y por lo tanto se identifican facilmente con las asociaciones mecánicas
que nos sugiere un ferrocarril eléctrico, aunque su formas esencialmente
romanas nos remitan a la cultura clásica. No mucho después de
la adopción del nuevo tipo por parte del metro de Londres, una delegación
de publicistas alemanes viajó a Inglaterra para verlos «in situ».
Predispuestos a su favor por la reputación de Edward Johnston en su país
y agradados por el buen gusto que reflejaban los impresos comerciales en los que
los tipos figuraban, estos Gebrauchsgraphiker volvieron a Alemania e hicieron
un uso intensivo de estas nuevas formas tipográficas. Se crearon bastantes
versiones alemanas de los nuevos tipos sanserif pero quizás las más
reseñables son la Futura editada por la fundición Bauer y Cable
editada por Klingspor. Futura es un audaz tipo modernista pero muy logrado,
mientras que Cable del profesor Koch es para la escritura tan buena como el tipo
de Johnston, sino mejor. Monotype Gill Sans,
un sobrio y satisfactorio tipo para rotulación refleja la severa economía
de la máquina moderna. Su diseño se asemeja enormemente al tipo
de Johnston pero su «color» es más claro, una cualidad que
lo hace más adecuado para cuerpo de texto que para un título o encabezamiento
de pocas palabras. Bien diseñada, el tipo de Eric
Gill ha sido excelentemente fundido y ampliamente utilizado. Por
último señalar que aquellos que deseen trabajar con tipos sanserif,
deben de tener muy en cuenta las advertencias del impresor Theodore De Vinne sobre
ellos: «ningún tipo necesita una composición tan atenta
como estos. Las capitales siempre necesitan un cuidadoso espaciado. Además
los tipos sanserif necesitan en general un generoso interlineado. »
Harry Carter
The Curwen Press Miscellany, 1931


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