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El famoso ensayo de Stanley
Morison, del cual reproducimos el Capítulo I, apareció por primera
vez como tal en el séptimo y último volumen de la revista «The
Fleuron», para posteriormente, en 1936, editarse en forma de libro por la
Cambridge University Press.Stanley Morison fue
una figura clave en el movimiento reformista de la imprenta británica al
que contribuyó con multitud de escritos y desde la posición privilegiada
de consejero tipográfico de la Cambridge University Press, el periódico
The Times y la Monotype Corporation, compañía esta última
en la que desarrollo un amplio programa de recuperación de los tipos clásicos
de los siglos XVI y XVII. Bibliografía:
- Stanley Morison
Nicolas Baker. Macmillan, London, 1972 - Stanley Morison
his typographical achievement James Moran. Lund Humphries, London 1971
- Stanley Morison displayed. An examination of his early
work Herber Jones. Frederic Muller, Londres 1976 
La tipografía es el medio eficaz para conseguir
un fin esencialmente utilitario y solo accidentalmente estético, ya que
el goce visual de las formas constituye rara vez la aspiración principal
del lector. Por tanto, es equivocada cualquier disposición del material
de imprenta que, sea por la causa que sea, produzca el efecto de interponerse
entre el autor y el lector. Se deduce de esto que la impresión de libros
hechos para ser leídos ofrece muy reducido margen para la tipografía
«original». Incluso la mediocridad y la monotonía en la composición
resultan mucho menos perniciosas para el lector que la excentricidad o la excesiva
informalidad. Artificios de esta naturaleza son deseables, e incluso esenciales,
en los impresos de propaganda sea de tipo comercial, político o religioso,
porque en tales impresos solamente la novedad es capaz de vencer a la indiferencia.
Pero la tipografía del libro, con la sola excepción de las ediciones
de tirada muy limitada, requiere obediencia a unas normas que son casi totalmente
absolutas. Y con razón. Dado que el arte de imprimir es esencialmente un
medio de multiplicación, necesita no solamente ser bueno en sí mismo,
sino poseer esta bondad con respecto a una finalidad general. Cuanto más
amplia sea esta finalidad, más estrictas serán las limitaciones
impuestas al impresor. Puede tolerarse a este que haga un experimento en un opúsculo
cuya tirada no exceda de cincuenta ejemplares; pero carecería de sentido
intentar hacer experimentos del mismo alcance en un impreso del que se tiren cincuenta
mil. Por la misma razón, la introducción de una novedad tipográfica,
que podría parecer adecuada en un folleto de dieciséis páginas,
resultaría totalmente indeseable en un libro de ciento sesenta. Forma parte
de la esencia de la tipografía y de la naturaleza del libro impreso, en
cuanto tal, el hecho de que desempeña un servicio público. Para
finalidades individuales o particulares existe el manuscrito, el códice.
Hay, pues, algo de ridículo en hacer un solo ejemplar de un libro impreso,
lo que no obsta para que se halle justificada la limitación del número
de ejemplares de un libro cuando este constituye el vehículo de un experimento
tipográfico. Siempre es deseable que se hagan experimentos, y si algo lamentamos
es que sean tan limitadas en número y atrevimiento estas piezas «de
laboratorio». La tipografía, en la actualidad, no precisa tanto de
inspiración y resurecciones históricas como de investigación.
Nos proponemos formular aquí algunos principios sobradamente conocidos
por los impresores, y confirmados por la investigación, para que los no
profesionales puedan reflexionar sobre ellos por su cuenta.
Stanley Morison
First Principles of Typography
Cambridge University
Press, 1936 En español
"Los principios fundamentales..." están publicados por Ediciones
del Bronce en una edición que cuenta con un valioso y muy recomendable
estudio preliminar de Josep M. Pujol, profesor de tipografía de la Escuela
de Diseño Eina de Barcelona


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