"La copa de cristal" fue originalmente una conferencia
impartida a los miembros del gremio de tipógrafos ingleses en el St. Bride
Institute, Londres en 1932.Más tarde,
en 1955, fue publicada en un libro de ensayos de Beatrice Warde bajo el mismo
nombre. Es un buen ejemplo de su habilidad para usar el lenguaje poético
para la consecución de sus objetivos didácticos, como dejó
también patente en su famoso póster This is a printing office. Nacida
en los Estados Unidos, Beatrice Warde, se interesó por la caligrafía
y la forma de las letras durante su estancia en el Barnard College de Columbia
y por medio de una carta de recomendación de Bruce Rogers entró
a trabajar como ayudante de biblioteca en la American Type Founders (ATF). Fue
aquí donde, a partir de la lectura de Printing for Bussines de Joseph
Thorp, encuentra en la tipografía su verdadera vocación. Casada
con el tipógrafo Frederic Warde, autor de la cursiva que acompaña
al tipo Centaur de Bruce
Rogers, ambos se trasladan a Londres en 1925, invitados por Stanley
Morison a quien conoció durante una visita de éste a los Estados
Unidos y publica varios artículos sobre tipografía en la revista
editada por Stanley Morison The Fleuron, bajo el seudónimo masculino
de Paul Beaujon con el fin de evitar la discriminación que seguramente
hubiera sufrido por aquel entonces de llegar a saberse su condición de
mujer. Concretamente en uno de ellos, al que debe su reputación, es donde
da cuenta de la verdadera autoría de los caractères de l’université
conservados en la Imprimerie Nationale y erróneamente atribuidos a Claude
Garamond y que en realidad fueron creados por Jean Jannon punzonista e impresor
de la Academia protestante de Sedan. El impacto
de este artículo en el mundo tipográfico facilitó a Beatrice
Warde su contratación en la casa Monotype, en realidad contrataron a Paul
Beajuon y cuando vieron que se trataba de una mujer la sorpresa fue enorme, donde
se hizo cargo de la revista interna de la empresa The Monotype Recorder
a la que convirtió, además de un órgano de difusión
corporativo, en un foro de investigación y discusión sobre creación
tipográfica y el diseño de libros e impresos. Asimismo
participaba en numerosas charlas y reuniones en escuelas técnicas e instituciones
donde difundía las ideas a favor del buen hacer en el arte de la imprenta,
acompañándolas de solemnes inscripciones que en forma de póster
tipográfico y con un estilo característico adornaban la difusión
de sus ideas. Fue una mujer hermosa que sirvió
de modelo para muchos dibujos de Eric
Gill incluidos los dos grabados de madera de La Belle Sauvage utilizados
como colofón de la editorial Cassel. Bibliografía:
- The cristal globet,
sixteen essays on typography Beatrice Warde. The Sylvan Press, London,
1955 - Type faces, old and new Beatrice Warde.
The Bibliographical Society, London 1957 - Hands off
or Hands on? Beatrice Warde. The Typophiles, New York 1969 
Imagina que tienes delante
de ti una garrafa de vino. Puedes elegir la cosecha que mejor prefieras para esta
demostración imaginaria, así su reflejo carmesí será
más profundo. También tienes dos copas. Una es de oro macizo ricamente
adornada y la otra de cristal fino y transparente, como una pompa de jabón.
A continuación, vierte el vino en una de ellas y pruébalo; según
elijas una u otra yo sabré si eres un buen degustador de vinos o no. Así,
si no entiendes nada de vinos, te sentirás tentado a beber en una copa
que ha costado una gran cantidad de dinero y si, por el contrario, eres un buen
aficionado a las vendimias excelentes elegirás la copa de cristal ya que
toda ella ha sido creada con la finalidad de revelar, en vez de ocultar, las cosas
bellas que puede contener. Siguiendo a esta
fragante metáfora puedes encontrar que la mayoría de las virtudes
atribuidas a la copa de cristal tienen su paralelismo en la tipografía.
En ella tienes el largo tallo que evita que la huella de tus dedos marquen la
copa ¿Por qué? Porque nada debe nublar tu vista del fogoso corazón
del líquido. ¿No tienen la misma utilidad los márgenes de las páginas
de un libro que evitan que tapes con tus dedos la caja del texto? Otra
cosa: el vidrio de la copa no tiene color o presenta un tono discreto ya que los
buenos catadores juzgan al vino, entre otras cosas, por su color y les molesta
que algo lo altere. Existen cientos de manierismos en tipografía tan imprudentes
y arbitrarios como llenar con vino de Oporto copas de cristal rojo o verde. Cuando
una copa tiene una base pequeña por muy correcto que sea su peso tu estás
preocupado ante la posibilidad de que vuelque; así hay formas de colocar
líneas de texto que, aunque en general trabajen bien, el lector estará
preocupado inconscientemente por la posibilidad de "saltarse" una línea
o leer tres palabras como si fueran una sola y su lectura no será placentera. El
hombre que elige la copa de cristal en vez de la de arcilla o metal para verter
el vino, es un "modernista" en el sentido en el que uso este término.
Esto es, la primera cosa que pregunta sobre el objeto no es ¿Cómo debe
verse? si no ¿Qué debe hacer? El vino
ha ocupado un lugar central en los rituales de muchas religiones y en otras ha
sido atacado y denigrado. Solo existe una cosa en el mundo capaz de agitar y alterar
la mente humana de la misma forma y esta es la expresión coherente de nuestro
pensamiento. Es el principal milagro del ser humano. No existe ninguna explicación
de ningún tipo al hecho de que yo pueda articular unos sonidos arbitrarios
que lleven a un extraño a conocer mis pensamientos. Es absolutamente mágico
que yo pueda comunicarme usando unas marcas negras sobre un papel con un desconocido
que se encuentre al otro lado del mundo. Las palabras, la radio, la escritura
y la imprenta son todas formas de transferencia del pensamiento y es tal la facilidad
que tienen para enviar y recibir el conocimiento y los pensamientos humanos que
por si solas son responsables de la civilización. Si
estás de acuerdo con esto, también lo estarás con mi principal
idea que es que lo más importante en la imprenta es transportar el pensamiento,
las ideas, las imágenes de una a otras mentes. Esta declaración
la puedes considerar la puerta de entrada de la ciencia de la tipografía.
Dentro existen cientos de habitaciones, pero si no comienzas por asumir que la
imprenta significa transportar ideas específicas y coherentes es muy fácil
que vayas a parar a la casa equivocada. Antes
de responder a donde nos conduce esta sentencia, vamos a ver, en principio, a
donde no nos lleva. Si los libros son impresos para ser leídos, debemos
distinguir entre lecturabilidad y lo que un óptico llamaría legibilidad.
Una página compuesta en un tipo de palo seco negrita de 14 puntos, de acuerdo
con las pruebas de laboratorio, sería más legible que otra compuesta
con el tipo Baskerville de 11 puntos. Un orador público es más audible,
en este sentido, cuando grita pero la voz de un buen orador es aquella que es
inaudible como una voz. ¡Otra vez la copa transparente! No te tengo que recordar
que si empiezas a escuchar las inflexiones y el ritmo de locución de alguien
hablando en público, puedes acabar durmiéndote. Cuando
escuchas una canción en un idioma que desconoces, parte de tu mente cae
en una especie de ensoñación separando completamente la sensibilidad
estética de tus facultades de raciocinio con el fin de que puedas disfrutar
de la música y la melodía. Las
artes hacen esto; pero este no es el propósito de la imprenta. El tipo
bien usado es invisible como tipo, así como la perfecta voz modulada es
el inadvertido vehículo utilizado para la transmisión de las palabras...
de las ideas. Nosotros podemos decir, por
lo tanto, que la imprenta puede ser deliciosa por varias razones, pero, y esto
es importante, lo primero y principal es su carácter práctico. Es
por esto que es erróneo llamar a cualquier impreso un trabajo de arte,
especialmente bella arte: porque esto puede implicar que su propósito principal
es existir como una expresión de la belleza por si sola y para el deleite
de los sentidos. La caligrafía puede considerarse una bella arte hoy en
día, porque su primario propósito económico y educativo ha
quedado obsoleto; pero la imprenta en Inglaterra no puede calificarse como arte
hasta que el presente idioma inglés deje de servir de vehículo de
las ideas para futuras generaciones y hasta que la imprenta misma sea superada
por algún todavía inimaginable sucesor. No
hay final para el laberinto de prácticas tipográficas, y esta idea
de la imprenta como vehículo, presente en la mente de todos los grandes
tipógrafos con los que he tenido el privilegio de hablar, es la única
pista que te puede guiar a través del mismo. Sin
esta esencial humildad, he podido apreciar a mas diseñadores brillantes
que se han equivocado lamentablemente y que han cometido errores absurdos que
van más allá de un excesivo entusiasmo, de lo que yo creía
posible. Una vez tuve una conversación
con un tipógrafo que estaba diseñando un agradable tipo para ser
usado en publicidad, y le comenté algo acerca de lo que los artistas pensaban
sobre un problema concreto, y él, con un bello gesto me respondió:
"Ah, señora, nosotros los artistas no pensamos... sentimos".
Ese mismo día hice la misma observación a otro diseñador
al que conocía y este, con una menor inclinación poética
que el anterior, murmuró: " No me siento muy bien hoy, yo pienso"
y era correcto él había pensado y es por esto que quizás
no fuera un buen pintor, pero para mí era diez veces mejor tipógrafo
y diseñador de tipos que el hombre que instintivamente evitó cualquier
cosa que tuviera que ver con la razón y la coherencia. Siempre
he pensado que el entusiasta de la tipografía que arranca una página
de un libro y la cuelga en la pared para deleitar sus sentidos contemplándola,
está mutilando algo infinitamente más importante. Recuerdo que el
famoso tipógrafo americano T. M. Cleland me enseñó una vez
una hermosa prueba para un catálogo de Cadillac en el que, al no disponer
del texto definitivo a incluir en el mismo, había compuesto las líneas
del mismo en latín. Esto no lo hizo solamente por la razón que estás
pensando (el texto compuesto en latín tiene pocos descendentes y proporciona
una línea regular y uniforme). No, él me contestó que había
puesto el texto más insulso y aburrido que había podido encontrar
y que esperaba que el destinatario del mismo en la compañía comenzara
a leerlo y a hacerle comentarios sobre el mismo. Yo le hice alguna observación
sobre la mentalidad de los Consejos de Dirección de las empresas y él
me respondió: " No, estás equivocada, si el lector no se encuentra
prácticamente obligado a leer el contenido, si no encuentra esas palabras
rodeadas de un halo de glamour y significado, entonces habremos fallado en la
composición y contenido del impreso. Poner el texto en latín es
simplemente una manera de indicar que ese no es el texto que aparecerá". Quiero
empezar mis conclusiones con la tipografía del libro ya que ésta
contiene todos los elementos fundamentales que atañen a la misma, para
después continuar con algunos puntos relativos a la publicidad. El
tipógrafo de libros tiene ante sí el trabajo de erigir una ventana
entre el lector, que se encuentra dentro de la habitación, y el paisaje
que son las palabras del autor. Y la puede hacer de un cristal tallado, de hermosa
belleza pero de poca utilidad como ventana; esto es, puede utilizar un magnífico
tipo gótico que queda muy bien para ser visto, pero no para ver a través
del mismo. O puede utilizar lo que yo llamo tipografía transparente o invisible.
En mi casa tengo un libro, que cuando me acuerdo de el, veo a los tres mosqueteros
y sus camaradas fanfarroneando por las calles de París. El
tercer tipo de ventana es aquella en la cual el cristal está fragmentado
en piezas pequeñas y que se corresponde con lo que se conoce hoy en día
con "imprenta de lujo" y en la que eres consciente de la existencia
de la ventana y de que alguien al construirla la ha cubierto de adornos. Esto
no es cuestionable ya que es un hecho muy importante que tiene que ver con la
psicología del subconsciente. La mente se enfoca a través del tipo
y no sobre el. Y el tipo que por caprichos de diseño o exceso de "color"
toma la forma en nuestra mente de un dibujo, es un mal tipo. Nuestro subconsciente
está siempre temeroso de equivocarse (y ,por ejemplo, las composiciones
ilógicas, espaciados estrechos o interlineados muy anchos nos pueden llevar
al engaño) y de aburrirse. El titular que permanentemente nos grita, la
línea que parece una palabra larga, las capitales apretadas unas contra
otras sin espacio entre ellas, nos provocan una desviación del subconsciente
y la pérdida del foco mental. Y si
esto es verdad para el libro, incluso en las ediciones limitadas más exquisitas,
es cincuenta veces más obvio en la publicidad, en donde la primera y la
única justificación para el comprador de espacio es transmitir un
mensaje, para despertar un deseo en la mente del lector. Es trágicamente
fácil apartar el interés de un lector por un anuncio simplemente
componiendo el argumento en un tipo extraño y diferente al usado generalmente
para la composición de libros, y llamar la atención con un titular
y unos cuantos dibujos si esto nos proporciona mejores ventas, pero si eres feliz
con tener suficiente con algo que realmente trabaje bien, te pido que tengas presente
que cientos de personas pagan dinero por el privilegio de leer sencillas páginas
de libros y que solo tu más grande ingenuidad puede detener a estas de
leer un texto que realmente le interesa. El
oficio de impresor demanda una actitud humilde, algo por cuya falta muchas de
las bellas artes se debaten en experimentos sentimentales y autocomplacientes. No
hay nada simple o torpe en realizar una página transparente. La vulgar
ostentación es dos veces más fácil que la disciplina y cuando
tu comprendas que esta desagradable tipografía nunca desaparecerá
por si misma, estarás en disposición de capturar la belleza como
el hombre sabio atrapa la felicidad buscando en otros tiempos. El
tipógrafo que no conoce su oficio aprende la inconstancia del hombre rico
que odia leer. Para ellos no son ni los remates ni los espacios entre letras ya
que no los apreciarán. Nadie (salvo otro artesano) podrá apreciar
tu maestría, pero podrás pasar interminables años de felicidad
experimentando en la creación de la copa cristalina que sea digna para
contener la cosecha de la mente humana.
Beatrice
Warde
The Cristal Goblet
Londres,
1932


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