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II. Higiene y orden en el taller Normas
higiénicas. El plomo es un metal tóxico; por eso su manipulación
exige ciertas precauciones. El aseo personal es la mejor de todas ellas. Durante
el trabajo es conveniente usar una blusa o un mono que ajuste bien al cuello y
a las muñecas. No se trabaje en mangas de camisa ni con el pecho descubierto.
Cuando se termina el trabajo, es absolutamente indispensable lavarse las manos.
No basta lavarse con agua sola, hay que añadir jabón. Y si no fuere
lo suficientemente eficaz, dará buen resultado el empleo del serrín
y de la sosa. Si las manchas fueran pertinaces, se acudirá a la lejía
o la bencina. Las uñas se conservarán limpias y cortas, para
que en ellas no se deposite el plomo. Nunca deben llevarse tipos a la boca,
ni se debe comer dentro del taller, por el peligro que hay de ingerir polvo.
El tipógrafo ha de conservar siempre la posición vertical, frente
a la caja y sin apoyarse en parte alguna, descansando en ambas piernas por igual.
Los codos deben coincidir con la altura de la caja. Orden
y cuidado. El oficial debe acostumbrarse a ser ordenado y a tener la
caja limpia de interlíneas, cordeles, portapáginas, galerines, etc.
«Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio», es máxima
que no debe olvidarse. Cuando se le caiga alguna letra procurará recogerla
en seguida y distribuirla en su caja, a no ser que deba emplearla en el trabajo
que está ejecutando. Si no supiera a qué caja pertenece, pregúntelo
al jefe de sección. Al hacer la limpieza del taller, deben recogerse
enseguida las letras que se encuentren en el suelo; no debe esperarse a recogerlas
todas juntas al terminar, pues basta un solo golpe en el ojo de la letra para
que quede inservible. 
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