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II. Medidas de la página. Márgenes.
Márgenes son los espacios en blanco que quedan a cada uno de los cuatro
lados de una página impresa. Por el lugar que ocupan, reciben los nombres
de cabeza, pie y costados.
Éstos son dos: lomo y corte. Antes
de determinar los blancos de un libro o folleto, conviene saber el fin y uso a
que se destina. Según sea edición de bibliófilo, normal o
de batalla, llevará márgenes más o menos abundantes. No
hablamos de ciertas obras modernas presentadas con márgenes caprichosos,
que pasan por alto las reglas comúnmente establecidas. Pero toda obra
tipográfica que se estime, procurará en sus páginas aquella
sensación de equilibrio y armonía que sólo puede dar la debida
proporción entre el molde y los blancos, y de los blancos o márgenes
entre sí. La
divina proporción. Mucho se ha hablado y se sigue hablando sobre
la divina proporción tipográfica, la
línea áurea, el canon
áureo, etcétera. Vamos a explicar en que consiste. Dijimos
antes que toda página impresa debe dar sensación de equilibrio y
armonía, es decir, causar placer estético. Efectivamente, hay páginas
impresas cuya vista produce pesadez y cansancio; otras, en cambio, causan una
sensación plácida y agradable. ¿Á que es debido? A
que en las primeras hay una masa amazacotada de texto que agobia, sin que la mirada
encuentre el alivio de un blanco proporcionado; mientras que en las segundas el
bloque impreso guarda la debida proporción con el blanco de la página,
y los márgenes de la misma están bien distribuidos, guardando también
entre sí la debida proporción. ¿Hay alguna regla fija
que señale esta proporción entre los elementos que integran la obra
artística? Sí. La adivinaron y aplicaron los artistas desde la más
remota antigüedad; la fijaron los griegos en fórmula matemática;
y no fue regla arbitraria establecida al azar, sino fruto de un constante estudio
de la naturaleza. Vieron, en efecto, que en
la naturaleza, y en la misma figura humana, se daba esta proporción de
líneas constante; es decir, que esta proporción era obra de Dios
al dar el ser a sus criaturas. Los sabios de la antigüedad pagana le dieron
el nombre de canon áureo o regla
de oro. Los artistas cristianos la llamaron divina
proporción por ver en ella la mano de Dios. Y con este título
apareció en el año 1509 una obra de un gran matemático, Luca
Pacioli, franciscano, impresa en Venecia, en la que estableció geométricamente
las reglas de la proporción en todas las artes. Trabajó con él
en Milán Leonardo Da Vinci, con quien más adelante se trasladó
a Florencia. Según él la proporción
divina o canon áureo nos la da la división
de una recta en media y extrema razón. Y de ella hizo numerosas
aplicaciones, sin olvidar la tipografía nacida medio siglo antes, a la
que dedicó cuatro láminas con un alfabeto de mayúsculas,
obra al parecer del propio Leonardo. Es evidente que para gran parte de los
tipógrafos la regla es de difícil aplicación, ya que no todos
tienen por la mano la resolución de esos problemas de geometría.
En la práctica se ha convenido simplificarlo con la relación
3 a 5 (por defecto), que es la que más se aproxima a la proporción
divina o regla de oro, y también con la relación
2 a 3 (por exceso) que se diferencia en 1/15 de la anterior. Aplicaciones
prácticas . Expliquémoslo con unos ejemplos:
1º
El molde de una página tiene 21 cíceros de ancho. ¿Que
altura le corresponde? Aplicando el canon áureo en su relación
3 a 5, los 21 cíceros de ancho son 3/5 de la altura. 1/5 será 3
veces menos: 21
cíceros : 3 = 7 cíceros La
altura será 5 veces más: 7
cíceros x 5= 35 cíceros De
igual forma se procedería en la relación 2 a 3. Si 21 cíceros
son 2/3, 1/3 será la mitad, o sea, 10,5 cíceros; la altura será
3 veces más, 31,5 cíceros. 2º
¿Qué ancho de línea habrá que dar a un molde que
tiene 35 cíceros de altura? En la relación de 3 a 5 el ancho
es 3/5 de la altura, o sea: 3/5
de 35 = (3 x 35) / 5 = 105 / 5 = 21 cíceros El
molde tipográfico en relación con el papel. Esta regla
deberá tener presente el tipógrafo al tener que calcular las medidas
de la página tipográfica en relación con las del papel, bien
entendido que, para la armónica presentación de la obra, las del
papel son las que mandasn y a ellas deben subordinarse las del molde tipográfico. Pongamos
unos ejemplos prácticos:
1º Supongamos
un rectángulo A B C D (figura 1) que
corresponde a una página de papel imaginaria, en la cual se cumple la regla
de la divina proporción 3 a 5, pues a los 45 cíceros de altura corresponden
27 (los 3/5) de ancho. La línea de puntos a b e
es la llamada línea áurea que determina esta proporción. A
la altura del lado A D, 45 cíceros, corresponden,
en la relación 3 a 5, 27 cíceros de altura para la composición.
El ancho de la composición (3/5 de 27) será de 16 cíceros.
Es decir, el molde deberá tener 27 x 16, y estará indicado por el
rectángulo a b c d . 
Figura
1 2º
Supongamos ahora que la hoja de papel imaginaria es el rectángulo A
B C D (figura 2) cuyas medidas son 50 x 35 cíceros que no
corresponden a la proporción del canon clásico 3 a 5, ni a la de
2 a 3. Dividamos la altura A D (50 cíceros)
en cinco partes; el punto a señala en ella la relación 3 a 5. La
recta a b será la línea de la divina
proporción, y la distancia a d será
la altura del molde. Pero ahora el ancho no podemos hallarlo en relación
con relación a la altura como en el ejemplo anterior, porque el papel no
guarda la relación 3 a 5. Lo tendremos que hallar en relación con
el ancho del papel D C (35 cíceros). Y 3/5
de 35 son 21 cíceros, es decir, la distancia d c.
Así, la composición quedará determinada por el rectángulo
a b c d. En estos dos ejemplos hemos tomado la
relación 3 a 5; de igual manera se habría resuelto tomando la relación
2 a 3. 
Figura
2 Proporción
de márgenes. Hasta aquí hemos solucionado solamente los
problemas de medidas del molde; ahora nos toca resolver los de los márgenes,
que importan igualmente al maquetista y al tipógrafo, labor que debe completar
después el impresor al imponer en la máquina. Esta distribución
de márgenes se hará igualmente aplicando la relación del
canon áureo o divina proporción de
3 a 5 o 2 a 3.. Esto da lugar a dos procedimientos: 1º
Sea el molde a b c d (figura 1) que debe ir
impreso sobre la página A B C D. Por encima
de la línea áurea nos queda el blanco formado por el rectángulo
A B e a, que hay que repartir entre los márgenes
de cabeza y pie. La proporción estética pide que el pie, o base
en que descansa la página, sea mayor que la cabeza. Apliquémosle,
pues, la relación de 3 a 5, y tendremos:
45 cíceros (altura
de página) 27 cíceros (altura del molde) =
18 cíceros que es la altura de los márgenes. 3
/ 5 de 18 = (3 x 18) / 5 = 54 / 5 = 10,8 cíceros Al
pie le corresponden 10,8 cíceros, o mejor, 11 cíceros (para no despreciar
8 puntos); a la cabeza corresponderán: 2
/ 5 de 18 = (2 x 18) / 5 = 36 / 5 = 7,2 cíceros, es decir 7 cíceros Hagamos
lo propio con el rectángulo h B C c, que hay
que repartir entre el lomo y el corte, teniendo en cuenta que en la unión
de dos páginas enfrentadas el equilibrio estético pide el margen
mayor para el corte y el menor para el lomo. 27
cíceros (ancho de página) 16 cíceros (ancho del molde)
= 11 cíceros que es el ancho a repartir entre corte y lomo. 3
/ 5 de 11 = (3 x 11) / 5 = 33 / 5 = 6, 6 cíceros Al
corte correponden 6, 6 cíceros y al lomo: 2
/ 5 de 11 = (2 x 11) / 5 = 22 / 5 = 4, 4 cíceros De
aquí podemos sacar la regla siguiente: Para
distribuir márgenes en la relación 3 a 5, se halla primero la diferencia
en cíceros entre el largo de la página (papel) y el largo del molde;
de esta diferencia corresponden 3/5 al margen de pie y el resto al de cabeza.
Se halla luego la diferencia en cíceros entre el ancho de página
y el de molde; los 3/5 de la misma corresponden al corte y el resto al molde. El
mismo procedimiento se seguiría para hallar los márgenes utilizando
la relación 2 a 3. Regla
general de márgenes. El margen de pie
es aproximadamente el doble que el de cabeza; y el de corte
aproximadamente el doble que el de lomo. Compaginación.
Una vez proyectado el libro se procede a la composición,
y seguidamente a la compaginación o ajuste
siguiendo siempre y en todo las instrucciones de la maqueta. Compaginación
o ajuste es la acertada distribución de los paquetes en páginas,
de medidas exactamente iguales, para formar el libro, folleto o revista. Como
en los paquetes suele haber únicamente la composición del texto
de una obra y a lo sumo los títulos de capítulos con sus epígrafes,
al compaginador o ajustador corresponde (al formar
las páginas) poner las cabeceras, iniciales, folios, signaturas, títulos,
grabados, finales, etc., y cuanto sea menester para la debida presentación
del libro, de acuerdo con el maquetista, procurando ser fiel intérprete
de cuanto se ha proyectado. Página
modelo . Antes de empezar el ajuste, el compaginador hará la
página que debe servir de modelo para todas las demás, ateniéndose
lo más posible a las medidas señaladas en el proyecto. La página
modelo será maciza, formada únicamente con las líneas necesarias
del cuerpo que predomina en el texto de la obra y poniendo un folio imaginario
con su blanco. Si la página hace cíceros justos se toma un filete
de latón o un lingote de igual medida; si no hiciera cíceros, se
toma el filete más aproximado, completando la medida con un cuadrado o
espacio. Este filete recibe el nombre de filete de ajuste
y será la medida exacta que servirá para comprobar la de todas las
páginas. Hecha la página tipo, el ajustador atenderá diligentemente
a la compaginación siguiendo las pruebas de galeradas y el original para
no omitir la colocación de ningún título, grabado, nota,
etc., y procurando simultanear el ajuste del mayor número posible de páginas
para mayor facilidad. Las páginas ajustadas se atan, se colocan sobre
un portapáginas y se van poniendo sobre una mesa a propósito, situada
lo más cerca posible del puesto del ajustador, en montones o pilas de ocho
páginas ordenadas, contando también las páginas blancas.
Tanto en esta mesa como en la galera de compaginación debe tener el ajustador
un orden excepcional, requisito totalmente necesario para trabajar eficazmente.

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