Estimación
del espacio requerido Una estimación del espacio
requerido para una portada, debe incluir los espacios vacíos entre líneas
además del reservado para los tipos. La buena apariencia de una portada
depende de la correcta proporción entre los espacios en blanco y el tamaño
de los tipos elegidos para la misma. El "blanco"
más grande debe estar por encima del pie de imprenta. Si no existe la suficiente
separación entre el texto y el pie de imprenta corremos el riesgo de que
la portada tenga un aspecto confuso. Y este fallo no se arregla, sino que empeora
si usamos un "filete" para intentar marcar una separación. Es
mejor usar un retrato o una viñeta, pero, siempre, claro está, con
el debido espacio en blanco por arriba y por abajo. La viñeta que el editor
seleccione en este caso debe ser incluida por el impresor, tanto si es grande
como pequeña, negra como gris. Pero, en el caso de que sea el impresor
el que la elija, éste debe considerar con detenimiento el "color"
tipográfico deseable. Si se trata de
una decoración de tamaño pequeño lo más conveniente
es que proporcione un color claramente oscuro; especialmente en el caso en el
que este color compense un título que pueda si no verse demasiado oscuro
si elegimos una decoración más "ligera". Al
contrario, si los tipos proporcionan un "color" tipográfico claro,
será mejor elegir una decoración que dibuje simplemente las líneas,
para así no "sobreponerse" al texto. Es un error hacer de la
decoración la parte más destacada de una portada. La
portada no debe de ser tratada como una hoja suelta o un anuncio con la misma
cantidad de espacio blanco a cada lado de las líneas titulares. Sus "blancos"
deben de ser de desigual anchura: estrechos cuando separan el nombre del autor
del editor y mucho más amplios cuando separan divisiones que no están
relacionadas entre sí. El tamaño de la anchura del espacio en blanco,
así como el tamaño de los tipos, son los que "avisan"
al lector de la relativa importancia de cada división. La
portada de la Figura
9 History of Orange County sirve como
ejemplo de una mala distribución de "blancos" y de jerarquía
de los tipos. En la Figura
10 se muestra una solución más acertada. Analicemos
ahora la portada del libro The anatomy of Melancholy
(Figura
11). Otra vez podemos apreciar como el compositor ha errado en la disposición
de tipos y espacios: se resaltan palabras que no deben serlo; para ocupar toda
la "caja", se distribuye el texto en numerosas líneas; para producir
un perfil irregular, se utilizan en las líneas más largas tipos
condensados; y el título apenas se distingue. Si
nos fijamos en la portada corregida en su composición (Figura
12), vemos que existen bastantes divisiones (el título del libro,
su explicación, el nombre ficticio del autor, la reseña a la nueva
edición, la leyenda, el pie de imprenta...) cada una de las cuales debe
ser distinguida de sus compañeras. Las
palabras The anatomy of Melancholy deben ser la línea
principal, aunque ésta tenga demasiadas palabras para formar una línea
de un tamaño de tipo aparente. La explicación del título
no es necesario que destaque y se puede componer en su totalidad con tipos de
tamaño uniforme. El nombre ficticio del autor tampoco es relevante y conviene
componerlo con un tipo de menor tamaño. Las
palabras New Edition y las que las acompañan
añaden un valor informativo sobre nuevos contenidos, por lo que, en este
caso, es correcto que sean destacadas. La leyenda
no es necesario que destaque como tampoco hace falta incluir su traducción.
La doble marca de imprenta se puede componer en dos columnas al objeto de ahorrar
espacio. El hecho de haber situado las palabras
Anatomy of Melancholy en la parte superior de la
página en dos líneas de letras negritas puede hacer que la página
parezca excesivamente "pesada" en ese lugar y es aquí donde da
juego una viñeta situada en la parte inferior con el fin de balancear el
contraste. Además, y para rebajar la preponderancia de estas dos líneas,
se ha optado por situar el verdadero nombre del autor al principio de la página
y así conseguir que, al bajar la situación de las dos líneas
principales, su efecto sea más agradable. Planear
la portada Con frecuencia el cajista comienza
el trabajo de componer una portada sin tener una idea clara de su efecto general
una vez impresa. Una portada de pocas palabras es posible componerla sin un boceto
o maqueta; pero, para componer portadas más complejas es necesario saber
lo que se quiere hacer. El
valor del boceto Vamos a ver un ejemplo
práctico con la portada de Life of Johnson (Figura
14). Como podemos apreciar, esta portada consta, aparte del título,
de muchas líneas pequeñas compuestas con la intención de
resaltar. Cómo el pie de imprenta ocupa cerca de la cuarta parte de la
página (10 líneas) poco espacio queda para establecer la debida
jerarquía de una forma eficiente. Debido a la longitud del propio texto
escrito por el autor, se ha utilizado un número excesivo de filetes con
el fin de destacar las distintas divisiones y, en definitiva, la portada es confusa
y transmite una apariencia poco elegante. Con la
ayuda de varios lápices de distintos grosores, vamos a establecer un boceto
de cómo creemos que podemos mejorar esta portada (Figura
13). En principio, Samuel
Johnson, LL D. es, por supuesto, la línea que más debemos
destacar; seguida a continuación de Original Pieces
of his Composition. Las referencias a sus estudios y trabajos, junto a
su correspondencia y conversaciones, es una información que debe ser resaltada
en distintas líneas en el caso solamente de que hubiera sitio suficiente
en la página, que no es el caso. Las líneas
Malone`s Notes y Illustration
y Piozzi`s Anecdotes se agrupan conjuntamente, ya que su importancia es
similar y no es preciso destacar una por encima de otra. La
línea donde aparece el autor By James Boswell
también ha de ser destacada. En la portada ordinaria, el nombre del autor
aparece, más o menos, en la mitad de la página a continuación
del título de la obra. Pero, en este caso, al quedar muy juntos ambos nombres
parece que es necesario buscarle un lugar donde ambos no se interfieran. La práctica
de colocar el nombre del autor antes del título de la obra, adoptada por
los bibliófilos en su catálogos y por bastantes impresores parisinos,
es de gran ayuda en esta portada ya que nos permite que ambos nombres destaquen
y, además, nos permite situar la línea principal Samuel
Johnson LL. D un poco por debajo de la parte superior de la página,
evitando así un exceso de contraste en esta parte de la misma. La
leyenda y el pie de imprenta no merecen una consideración especial y las
palabras The life of necesitan destacarse, pero,
no tanto como el nombre; así que su posición por encima de la línea
principal la distingue suficientemente al tratarse de un línea corta. Las
palabras que siguen a Comprehending están
compuestas en forma de diamante en cinco líneas de versalitas y las que
siguen a The whole también están en
versalitas; sólo que en este caso se ha optado por la composición
cuadrada al objeto de contrastarlas con las anteriores. El resultado obtenido
se muestra en la Figura
15. Indudablemente, el uso de un
boceto nos va a ayudar a "visualizar" la estructura de la portada y
a prever posibles fallos en su concepción con lo que, además de
ahorrar tiempo, obtendremos con toda seguridad portadas más equilibradas
y estéticamente mejor resueltas. Composición
de los distintos elementos de la portada Bastantes
cajistas que componen portadas han recibido sus primeras lecciones sobre composición
realizando anuncios de periódicos y pequeños folletos de publicidad.
Un larga experiencia en este tipo de composición no cualifica al cajista
para componer portadas debido a la radical diferencia entre ambos tipos de impresos.
Mientras que la función del anuncio es la de llamar la atención
del posible lector utilizando para ello todo tipo de recursos tipográficos
(tamaño de las letras, contraste, etc), la portada requiere una composición
más austera y jerarquizada en la que no tienen cabida tipos excesivamente
grandes y oscuros, demasiados ornamentos o una disposición del texto anárquica.
En este caso, el secreto está en la simplicidad. Existen
varias razones para preferir la portada tipográfica: Su
aceptación en la mayoría de libros. Se
compone de forma rápida y a bajo coste Es
más fácil de leer que la portada grabada debido a sus distintas
líneas de longitud irregular (usualmente de diferentes tamaños)
y a los "blancos" existentes entre ellas que ayudan a distinguir sus
divisiones. En este tipo de portadas
la línea que requiere una mayor presencia es la que da título al
libro. Como regla general es suficiente con una sola línea destacada con
tipos en negra o negrita, pero, a veces, por las características del título,
es posible que se requieran más líneas. (Figura
16 y Figura
17) La tradición La
continua práctica del oficio a través de los siglos ha dejado una
especie de reglas no escritas de cómo hacer las cosas. Muchas están
obsoletas pero otras son todavía perfectamente válidas: La
claridad, proporcionada por espacios en blanco de diferentes anchuras entre las
líneas es la primera de ellas. Cuando varias líneas de tipos diferentes
se encuentran muy juntas unas de otras la portada aparece confusa y de difícil
lectura; es el espacio entre ellas, junto al tamaño de los tipos, lo que
proporciona la debida legibilidad. La irregularidad
en la longitud de la línea es de igual importancia. Cuando varias líneas
llenan de forma total, o casi, la medida de la caja, la portada adquiere una apariencia
de un anuncio o un póster. Asimismo si las líneas se componen en
"bandera" esto es, con uno de sus extremos alineado y el otro no provocará
una falta de simetría poco recomendable para una portada clásica. La
composición de la portada de forma simétrica tomando como referencia
un eje central y utilizando líneas de diferente longitud es la manera adecuada
de dotar a esa página de un aspecto eminentemente clásico. Una manera
de comprobar si hemos hecho bien las cosas es, con la ayuda de un lápiz
y una regla, trazar una línea recta que vaya desde el final de la línea
más corta al final de la más larga; si esta línea toca además
con el final de una o más líneas intermedias, podemos estar seguros
de tener una portada bien equilibrada. (Figura
18) Cómo la línea
que más debe destacar es siempre la del título del libro, y esta
puede tener tres o treinta letras, es difícil establecer una regla sobre
su longitud. De acuerdo con la tradición, esta línea debería
ser la más larga y destacada de la portada.Pero,
ésta no es la mejor solución ya que hacer que una línea de
pocas letras llene la medida de la caja utilizando para ello un espaciado amplio
no consigue mejorar en absoluto la composición. Claramente es más
efectivo una línea corta sin espaciar sus letras , o acaso ligeramente
espaciadas, con unos tipos del tamaño y "color" adecuados. Solamente
las portadas de líneas cortas, con tipos grandes y anchos espacios entre
las líneas se pueden beneficiar de un amplio espaciado de las letras, aunque
no deja de ser un experimento arriesgado. 
La
dificultad contraria es cuando el título tiene una cantidad de letras excesiva
para componerlo en una sola línea. En este caso siempre es mejor utilizar
dos líneas que utilizar tipos condensados o "chupados" para así
componer en una sola línea. (Figura
19) 
Tratamiento
correcto de los títulos y subtítulos A
ser posible, la primera línea de un título no debe completar la
medida de la caja de composición. Un línea completa con tipos en
estilo negra o negrita es admisible en segunda o tercera posición en el
cuarto superior de la página, pero nunca en el centro de la misma. Los
artículos (El, La ,Los, Las,) que frecuentemente antecede al nombre deben
de ser la primera línea. El subtítulo
siempre ha de componerse con tipos más pequeños. Si el título
llega a llenar la medida, el subtítulo debe de ser una línea corta;
si el título se compone en una línea corta, el subtítulo
puede llenar la medida pero siempre en un cuerpo más pequeño. Asimismo,
si el título es la línea más larga el subtítulo no
debe ser compuesto con un tipo que por su tamaño o condensación
desmerezca del conjunto. El subtítulo debe de tener su propia presencia
e importancia; incluso si es necesario componerlo en dos líneas. La conjunción
(o, y, etc) que conecta ambos debe componerse como una línea suelta. (Figura
20) 

Líneas
de menor importancia Estas líneas
pueden elegirse de las explicaciones del título o el sumario de contenidos,
en el caso de que existan; pero, solamente se utilizan en el caso de que merezcan
ser destacadas. Resaltar palabras sin importancia
solamente por la supuesta necesidad de nivelar la presencia de una línea
compuesta en negra que destaca sobremanera, es un error y lo único que
se consigue es aumentar la presencia de líneas sueltas claramente inútiles.
Una solución mejor es agrupar este texto
y darle forma cuadrada, de diamante o medio diamante. (Figura
21) Líneas
sueltas Las líneas sueltas, frecuentemente
compuestas por conjunciones y preposiciones, que enlazan dos o más frases
relacionadas deben de ser utilizadas de forma esporádica; en las páginas
de un formato octavo o mayor deben componerse en caja alta. El
nombre del autor El nombre del autor se
coloca generalmente en una línea separada; cuando el título presenta
un aspecto abigarrado o el nombre del autor tiene pocas letras, se puede anteponer
la palabra "por". Por el contrario, cuando el título ofrece un
aspecto ligero "por" se puede colocar en una línea separada por
encima del nombre. Cuando un libro tenga dos autores y el espacio disponible sea
pequeño, se pueden poner ambos nombres en una sola línea; excepto
cuando formen una línea excesivamente larga, caso en el cual habrán
de dejarse en líneas separadas. La
conjunción "y" puede situarse al final de la primera línea
o al principio de la segunda de acuerdo con la longitud de ambas; solamente en
el caso de que exista espacio suficiente puede componerse como una línea
suelta. Asimismo, cuando el título
destaque sobremanera por su extensión y el autor sea conocido, el nombre
de éste puede situarse en la primera línea de la portada. |