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La portada clásica de la mano de Theodore Low De Vinne

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Figura 30
Portada de la imprenta del maestro Bodoni

 

 

 

 

 

 


Figura 31
Una portada equilibrada

 

 

 

 

 


Figura 32
Ejemplo de sumario

 

 

 

 

 

El espaciado del título
Espaciar las letras que componen el título de manera excesiva es una práctica que todo buen cajista debe evitar. Espaciar ampliamente una línea tiene como efecto el tener que espaciar bastantes, y algunas veces todas, las otras líneas que figuran en la portada ya que si no se hace así el "color tipográfico" se verá alterado considerablemente e incluso tipos de la misma fuente parecerá que son diferentes. Cierto es que el título del libro puede tener tres o cuatro letras que no llenen la medida, pero esto no es una razón suficiente para sobreespaciarlas.

En la portada del libro sobre Bodoni (Figura 30), el título, que no llena la medida de la caja, tiene una armonía en su composición y el tamaño de los tipos elegidos que difícilmente mejorará, más bien al contrario, si añadimos más espacio entre ellos.

Tratamiento de los nombre largos
En la misma portada de este libro vemos que el nombre propio Giambattista está compuesto con los mismos tipos que los utilizados para el apellido Bodoni. Esta es la práctica habitual de los editores americanos e ingleses, poner el nombre completo con el mismo tipo. El problema es que ésto no es nada práctico si el nombre es extenso. En Francia tienen un método mejor que consiste en destacar el apellido.

Limitaciones de los tipos condensados
Aparte del excelente método de los impresores franceses para componer los nombres, éstos también suelen usar con asiduidad tipos condensados para la composición de títulos largos. Ya hemos citado anteriormente los inconvenientes del uso de esta clase de tipos, pero, podemos dar más ejemplos. Los tipos condensados son de utilidad cuando el espacio que tenemos es limitado, pero, cuando este es abundante es mejor no utilizarlos.

En la ilustración superior el nombre compuesto en tres líneas es más legible; no simplemente porque es más grande, sino por la cantidad de espacio en blanco de que dispone por arriba por abajo y entre las líneas. Nunca debe considerarse un fallo componer un nombre largo en dos o más líneas de un tipo legible en cualquier portada en la que dispongamos de abundancia de espacio.

Tratamiento de los títulos largos
Los nombres largos de personas y de títulos de libros son algo común. Si debemos dar a cada palabra que los forman la misma importancia y es imposible componerlos en una sola línea y si, además, lo componemos en dos líneas y no queremos infligir la regla que nos dice que es mejor evitar que se junten dos líneas que contengan los mismos tipos, el cajista se verá abocado a buscar alguna solución. El remedio tradicional es componer cada línea que forma el título con tipos de diferente tamaño y estilo como muestra la siguiente ilustración

En ella podemos ver que las palabras Roman Empire son demasiado grandes con respecto a las demás; la longitud de las palabras The Decline and Fall se ha acortado por medio de la utilización de un discordante tipo condensado y la composición de las palabras The History es innecesariamente corta. Las palabras Roman Empire son de gran importancia, pero, asimismo, no es posible entender el título si no destacamos igualmente The Decline and Fall.

Al haber dado a la línea compuesta por Roman Empire la mayor prominencia estamos obligados a componer The Decline and Fall con un tipo y una medida más pequeña y a su vez The History será la línea más pequeña y compuesta asimismo con un tipo más pequeño.

Esta composición de un título largo es desagradablemente artificial y está más cercana a los métodos empleados para componer los anuncios en los periódicos. Vamos a ver una manera mucho mas satisfactoria de componer esta portada:

Si acortamos la línea de Roman Empire y la que contiene las palabras The Decline and Fall les damos la prominencia de una línea completa, todas las palabras, excepto las líneas sueltas, se mostrarán con el debido equilibrio y claridad.

Una forma más compacta y quizás más legible puede ser disponer todo el texto en solo tres líneas; pero, este método es más apropiado para publicidad.

El contenido del libro
Es costumbre que los cajistas comiencen la composición de una portada por sus líneas principales. Cuando el título del libro no describe por si solo su contenido, una o dos líneas añadidas como un sumario, compuestas con versalitas, suelen ser suficiente para aclararlo. (Figura 32). Lo que el lector necesita al echar un primer vistazo al libro es encontrar con claridad sus principales características: su título, el nombre del autor o editor, la edición y, en su caso, las ilustraciones especiales. Con estos elementos suele ser suficiente para tal finalidad. Emplear muchas líneas como titulares no hace a la portada más atractiva, sino más confusa.

El relieve que se desea dar a las diferentes divisiones de la portada se consigue por el uso apropiado de espacio en blanco entre ellas y por las longitud irregular de las diferentes líneas que la componen.

El espaciado de las letras
Las letras capitales elegidas para las líneas destacadas de la portada, son regulares en altura pero muy irregulares en forma. Las letras I M N H tienen astas rectas que pueden provocar, en determinadas combinaciones, que queden muy juntas con unas con otras. Otras letras como O C S K L Y A Z tienen astas curvadas o formando ángulo lo que provoca que también en determinadas combinaciones se produzcan unos "blancos" excesivos entre las mismas. En tamaños pequeños estos espacios son irrelevantes, pero, en tamaños de titulares resultan ofensivos.

Para evitar esto, el cajista cuidadoso insertará un espacio fino entre las letras que aparecen demasiado juntas y lo omitirá entre aquellas que están bien separadas. El objetivo es lograr un espacio aparentemente uniforme entre las astas rectas de todas las letras con el fin de que parezcan equidistantes unas de otras. Cuando un título largo de un libro tiene que ser compuesto en dos líneas, una de ellas puede ser más larga que otra o, lo que es igual de desafortunado, ser más o menos de la misma longitud.

Espaciar una de ellas hasta que alcance la medida completa deseada y dejar la otra sin espaciar no es una buena elección. Es mejor solución espaciar un poco más una de ellas de manera que esta circunstancia pase desapercibida para el lector ordinario ya que si la espaciamos sobremanera corremos el riesgo de que parezca otro tipo de letra.

También podemos jugar con las conjunciones y preposiciones que con frecuencia acompañan al título al objeto de acortar o alargar una línea. Sin embargo, hay casos en los que no conseguimos los resultados apetecidos:

Por ejemplo, en la ilustración superior el ancho espaciado utilizado en la segunda línea de la derecha, no significa una mejora de la composición, ya que rompe con la uniformidad presente en los restantes capítulos. En este caso, como el espaciado no ha supuesto una mejora considerable, es mejor dejar la composición como estaba.

Asimismo, espaciar tipos condensados es algo ilógico, ya que elegir para la composición un tipo estrecho para luego incrementar los espacios entre las letras, es una demostración práctica de que la elección de ese tipo fue un error. De todas formas el espaciado de cualquier línea de la portada no debe ser realizado hasta que las líneas principales estén compuestas, ya que así estas nos servirán de referencia al objeto de comparar tamaños, longitud, contraste, etc.

El espaciado de las versalitas
Las frases compuestas en versalitas de cuerpos pequeños, son más legibles si espaciamos las letras ligeramente. Este tipo de letras necesitan más espacio entre ellas, ya que los trazos horizontales (filetes o perfiles) que cruzan algunas letras como en A, E y H disminuyen la cantidad de espacio blanco vacío entre las astas necesario para una correcta legibilidad de los caracteres. Asimismo, al encontrarse frecuentemente junto a las mismas, sufren el contraste con las líneas principales que muestran un generoso espacio entre sus letras, por lo que un espaciado pequeño de las versalitas de una portada es algo sumamente aconsejable.

El espaciado de las líneas del título
Un espaciado amplio de las letras capitulares que forman el título del libro, no es del todo desaconsejado cuando las líneas son pocas y cortas y cuando disponemos de espacio suficiente en la portada; pero, este espaciado debe de ser aparentemente uniforme en todas las líneas.

Al respecto debe recordarse que un espaciado amplio de las letras conlleva un aumento del espacio entre las líneas; un espaciado del título en una portada con muchas líneas y poco espacio disponible, siempre es una mala práctica. Al contrario que con las letras capitulares, nunca se deben espaciar las letras de las composiciones realizadas con tipos de caja baja.

Sobre el espacio de la página y el interlineado
Las diferentes divisiones de la portada deben reconocerse por medio de espacios vacíos y no por guiones; pero, cuando el texto sea excesivo y existan demasiadas divisiones irregulares se podrán utilizar filetes finos para marcar las mismas. Los diferentes ornamentos utilizados hasta ahora, como filetes gruesos que ocupan toda la medida, o bordes que enmarcan la totalidad de la portada, y que en muchos casos destacan más que el propio texto, han dado paso a una disposición de los distintos elementos que forman la portada; que resulta ser mucho más racional y legible.

Cuando el nombre del autor, editor o ilustrador, o la línea o líneas de una leyenda o la especificación de una edición, aparece en la parte superior de la portada, es necesario añadir un filete fino para separarlo claramente del título, pero, el espacio vacío que sigue al mismo debe ser de mayor tamaño.

Cuando el editor añade unas líneas a la portada, llamando la atención sobre una característica concreta de la edición, y no se dispone del espacio en blanco suficiente para destacarlas del resto, también se pueden utilizar filetes finos de caña o media caña con este fin, uno en la parte superior y otro en la inferior.

Como comentamos antes sobre las reglas de la tradición, la portada debería llenar toda la medida de la caja. Así, la primera línea tendría que ser paralela a la primera línea de texto y el pie de imprenta debería ser paralelo con la última línea de texto. Ésto sería obligatorio ya tuviera la portada cinco o veinticinco líneas.

Ésta claro que esta forma de actuar no es de obligado cumplimiento, ya que si la portada tiene suficientes líneas es posible que llene la página, pero, si esta tiene pocas líneas y las espaciamos al objeto de completar la medida, lo único que conseguiríamos es una portada con unos espacios vacíos entre líneas sumamente grandes y con una apariencia de desconexión entre ellas. Este problema es más visible cuando la portada está rodeada por un borde: la distancia entre el borde y las letras debe ajustarse al tamaño de los tipos, de los márgenes, y de la página (más separados en las páginas grandes y menos en las pequeñas).

En este caso, el espacio en blanco por encima de la primera línea, debe de ser tan amplio como el existente entre las diferentes divisiones; si esta línea es evidentemente corta y contiene solamente una preposición un artículo o una conjunción, puede incluirse dentro del espacio reservado para el margen; pero, en este caso el margen de pie debe de ser mucho más pequeño que el de cabeza.

Cuándo usar el interlineado y cuando no
Cuándo interlinear un texto y cuando no depende en gran medida de la construcción del tipo, ésto es, del espacio que la letra ocupa sobre el cuerpo. Cuando los trazos ascendentes y descendentes de las letras son grandes y el ojo medio (altura X) pequeño, aparecerá entre ambas un espacio en blanco. Este espacio en blanco dará relieve a las letras "cortas", como la m y la o, y aunque se vea interrumpido por los trazos ascendentes y descendentes de otras letras el lector inconscientemente notará que en la página existe más blanco que negro y que cada carácter tiene por abajo y por arriba del mismo una cantidad de espacio en blanco.

A la composición realizada con tipos de estas características no es necesario añadirle un espacio entre las líneas adicional. Pero, cuando nos encontramos con tipos cuyos trazos ascendentes y descendentes sean cortos y su ojo medio sea grande el espacio en blanco entre líneas se reducirá y será necesario añadir un espacio entre las líneas. Asimismo, si las líneas están compuestas con letras capitales, este espacio deberá ser mayor.

Conclusión
Los consejos expresados en su obra por Theodore Low Devinne sobre la composición de una portada a principios del siglo XX, llegan hasta nosotros convertidos en la "voz" de la tradición. Seguramente, todos ellos no los aplicaremos en nuestros trabajos como diseñadores, pero, a la hora de afrontar la composición de un libro con un estilo llamémosle "clásico", sé, con certeza, que recordar al "viejo maestro" no habrá sido en vano.

 

 

 


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