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Where have all the spaces gone?

Enviado por el Domingo, 9 marzo 20147 Comentarios

¿Dónde se han ido todas las flores? se preguntaba Pete Seeger en una de sus más famosas canciones. La misma pregunta nos hacemos nosotros sobre los venerables espacios utilizado en la composición tipográfica clásica con tipos de plomo y que parecen desaparecidos en la moderna composición digital. La “mecanización de la escritura” posibilitada por la aparición de la imprenta con tipos móviles, y que en Europa tuvo lugar a mediados del siglo XV, significó la estandarización tanto de los caracteres del alfabeto como de los espacios vacíos que separan las palabras o las letras.
La práctica tipográfica con tipos de plomo cubre un amplio espacio temporal en la historia de la imprenta, concretamente más de cuatro siglos, durante los cuales, y en particular a partir del siglo XVII en los que comienzan a aparecer los primeros manuales que dan cuenta de sus procesos y técnicas, se produjo un proceso de difusión y consolidación de las herramientas y materiales utilizados qué prácticamente llega hasta nuestros días y que se ha transmitido a través de tecnologías totalmente diferentes como han sido la fotocomposición y la autoedición digital.

¿Clásico o moderno?
Llegado hasta aquí, en un entorno totalmente digital, me preguntaría si es necesaria la implementación de la tipometría clásica (puntos Didot y pica) en los programas de maquetación como Indesign. ¿Hacen falta para, por ejemplo maquetar, un libro? ¿Nos proporciona más seguridad que el punto postscript? ¿Qué hacemos con el sistema métrico decimal?
Posiblemente pueda parecer un anacronismo seguir utilizando los puntos Didot. De hecho si seguimos conociéndolos, y utilizándolos, fue debido a que cuando aparece el sistema métrico decimal en Francia a finales del siglo XIX, el propio Napoleón intentó que los impresores y fundidores franceses adoptaran esta unidad de medida y solamente el alto coste de la adopción de la misma (había que tirar todos los tipos y el material de blanco existente y volver a fundirlos) evitó que se llevara a cabo.
Pero claro, el sistema métrico decimal se fue imponiendo en prácticamente todos los demás campos donde era necesario medir algo, así que ahora nos encontramos manejando un software estupendo de composición de página (Indesign) que contempla el uso de las unidades decimales, que como está realizado en USA también nos incluye las unidades del sistema anglosajón de medida (la pulgada), y solemos dudar a la hora de establecer en sus preferencias que unidad de medida tipográfica elegimos: Puntos didot, pica o postcript o los cíceros y las picas (que provienen también de los tiempos del plomo tienen ambos una dimensión de 12 puntos).
Pero vamos a ver esta cuestión algo más de cerca. Mi impresión es que está bien seguir implementando los puntos tipográficos clásicos y que, como veremos más adelante, tienen su utilidad práctica pero no para ser utilizados en todas las medidas de una publicación y sus componentes sino en aspectos concretos de la misma.
Respecto a si son más útiles los puntos “analógicos” o “digitales” yo lo que creo es que a menos que quieras comprobar tipómetro en mano los ajustes de una página, mejor establece como unidad los puntos Postscript.

Las medidas tipográficas
Para saber en que tipos de mediciones son útiles los espacios clásicos tipográficos, lo primero que tenemos que ver son los dos tipos de medidas que conviven en una composición tipográfica. Estas son las medidas absolutas y las relativas. Las medidas absolutas son las que sus dimensiones son fijas y se utilicen donde se utilicen siempre serán las mismas. Aquí entrarían los puntos tipográficos (un punto Didot equivale a 0,376 mm, un punto Pica equivale a 0,351 mm, un punto Postscript equivale a 0,352 mm) y los cíceros y picas (12 puntos en cualquiera de los dos sistemas). Si utilizamos el sistema métrico decimal hablaríamos de centímetros o milímetros.  Un ejemplo de medida absoluta es una fuente tipográfica de 12 puntos.
Por su parte las medidas relativas no tienen un valor fijo y absoluto como las anteriores sino que se aumentan o disminuyen proporcionalmente conforme el objeto que miden aumenta o disminuye. Las medidas relativas las encontramos en los espacios blancos que acompañan a una tipografía en un tamaño concreto. Por ejemplo a continuación puedes ver el valor de los espacios correspondientes a nuestra tipografía de cuerpo 12. Estos son los espacios que en tipografía de plomo se utilizaban para separar letras y palabras, para indicar algún espacio mayor como el de inicio de párrafo y para completar las líneas:


La unidad de todos ellos es el cuadratín. A partir del cuadratín los espacios se dividen o se multiplican. En nuestro caso vamos a hablar solamente de los espacios que dividen el cuadratín, que son los utilizados para medidas cortas como el espacio entre palabras o caracteres: Medio cuadratín, espacio grueso, mediano y fino.
Comentar en este punto que los que hayan visto este tema en textos o traducciones del inglés, habrán visto que el cuadratín lo denominan como espacio M, para el medio cuadratín espacio N, y para los demás espacios divisiones con referencia al espacio M.
Como hemos comentado que esta unidad es relativa significa que adoptará siempre el tamaño de la fuente en la que está incluida, así una fuente de 16 puntos tendrá un cuadratín de 16 puntos, un medio cuadratín de 8 y los espacios serán divisiones de 16. En este caso, y siguiendo el ejemplo con la fuente de plomo de 12 puntos los espacios que incluiría serían los siguientes.


Asimismo, la anchura de los diferentes caracteres también está considerada en unidades de cuadratín (nosotros vamos a continuar citándolos con su término en español), y esto no cabe duda de que es una brillante idea. Por ejemplo Monotype basaba todos los anchos de los caracteres de sus diseños tipográficos dividiendo el cuadratín en 18 unidades. Todos los caracteres debían ajustarse a unidades completas siendo por tanto el más ancho de 18 unidades y el más pequeño de 5 unidades.
También en tipografía digital se siguen utilizando las unidades de cuadratín pero en este caso las posibilidades en cuanto a dibujo de los caracteres y ajuste de la composición son bastante más amplias. Valga como ejemplo que las fuentes PostScript utilizan un cuadratín dividido en mil unidades. Una de las facilidades es, por ejemplo, no tener que realizar una tabla de pares de kerning para cada tamaño que utilicemos ya que otra vez con saber el tamaño que vamos a utilizar el programa realiza los ajustes necesarios en los programas, lo mismo que si cambiamos el tamaño de la fuente que estamos utilizando.

Esquema de un cajetín de matrices de Monotype. A la derecha figuran el tamaño en unidades de m de los diferentes caracteres.

 

Puntos o centímetros
Por lo tanto en Indesign conviven los dos tipos de medidas y nos queda por saber donde aplicarlas y donde funcionan mejor. Bajo mi punto de vista lo más sensato es trabajar con unidades del sistema métrico decimal en el apartado de definición del tamaño de página, márgenes e incluso de anchura de columnas dejando las unidades clásicas para definir los elementos microtipográficos como el tamaño de la tipografía, espacio entre líneas y línea base.
Seguramente nos es más fácil imaginar el tamaño de una publicación en centímetros que en cíceros así como el tamaño de sus márgenes y el ancho de columna (aunque en este caso algunos prefieren utilizar los cíceros).
Al contrario imaginamos mejor la dimensión de un tipo en puntos tipográficos que en milímetros así como el espacio entre las líneas y el tamaño de la línea base (de esta forma nos aseguramos realizar una rejilla tipográfica coherente).
Y esto es así, creo que no vale la pena quedarnos solamente con un sistema de unidades porque lo que se ajusta bien a un apartado, no lo hace tanto en otro.
Además, Indesign funciona como una calculadora excelente que ajustando en sus preferencias la medida de “salida” que deseamos utilizar podemos introducir la que queramos cuando estemos definiendo algún parámetro que el programa la transforma en la que hemos indicado.

Composición y justificación
En la composición manual con tipos de plomo, el compositor iba componiendo la línea, de acuerdo a la medida elegida, componiendo las palabra y utilizando los espacios para separarlas (un espacio grueso era el aconsejado para este fin). Una vez llegaba al final de la línea se procedía a su justificación, esto es darla la medida exacta, para lo cual iba cambiando los espacios por otros más anchos o más estrechos según eran los requerimientos de alargarla o acortarla.
En la composición digital se ha perdido ese “contacto íntimo” con la composición de las líneas de un párrafo. Yo suelo decir que en este caso debemos buscar en la composición el aspecto de un “bosque tupido”, sin claros en el mismo que llamen excesivamente la atención. Para lograr esta textura en la composición, el maquetador suele especificar unas opciones de párrafo conocidas como “P&J´s” (partición y justificación) que le sirven para indicar al “motor de composición” de la aplicación los diferentes parámetros (optimización del espacio entre letras y palabras básicamente) que debe utilizar en la composición del texto.

Y los espacios clásicos, ¿dónde se han ido?
La buena noticia es que todavía están contemplados en Indesign. La mala es que la traducción del programa al castellano no deja claro a que se refiere la opción donde los contempla.
Efectivamente, los espacios en blanco que podemos añadir manualmente están agrupados en una opción llamada Insertar espacio en blanco pero la “madre de todos los espacios”, el cuadratín, está traducido por espacio largo con lo que su significado genera dudas sobre la cantidad de espacio que añade. Por extensión pasa lo mismo con el medio cuadratín que se llama espacio corto y los subsiguientes espacios que no dejan bien claro su valor (extrafino, fino tercio y cuarto), si no conocemos de donde viene.


En conclusión
Como he apuntado más arriba la composición digital de texto no reside en ir colocando a mano los espacios heredados de la composición con tipos de plomo, pero creo que su implementación en las versiones en castellano de programas como Indesign ha dejado mucho que desear.
Una traducción que hubiera incluido los términos cuadratín y medio cuadratín, o que incluso hubiera dejado la denominación anglosajona de espacio m y n, hubiera ayudado sobremanera a comprender la naturaleza y dimensión de esos espacios que, como las meigas… “existir, existen”.

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7 Comentarios

  • txusmarcano comentó el 9 marzo 2014 a las 23:50 :

    Así me gusta, revitalizando la tradición y los buenos usos y costumbres. ¡Grande Penela!

  • dAni comentó el 10 marzo 2014 a las 3:01 :

    A tener en cuenta: Guión (Hyphen), ocupa 1/4 de cuadratín / se usa en la partición de palabras, relacionar números, elementos separados en una linea • el signo menos (minus), ocupa +/- 1/2 de cuadratín / como signo matemático • guión medio (en dash), ocupa 1/2 cuadratín (menos uso en español) • la raya (em dash), ocupa 1 cuadratín (se usa para incisos en los textos).

    consultar “Ortotipografía para diseñadores” ed. GG

  • Rodolfo comentó el 10 marzo 2014 a las 13:54 :

    Concuerdo totalmente con el “bosque tupido” esto aporta elegancia al bloque de texto y hoy en día parece una rara avis. Creo que diseñar con el texto y dar color al espacio es sin dudas aportar valor al diseño con tipografía. Cuando la herramienta y su uso se estandariza sin tener en cuenta estas pequeñas grandes cosas se pierde calidad en la composición y nos separa muy lejos del valor gráfico.

  • Paco Vela comentó el 14 marzo 2014 a las 1:30 :

    De todas formas, menos mal que tenemos InDesing, no os podéis imaginar lo complicado que es justificar un texto compuesto con tipos de plomo. Los maestros cajistas se bastaban con los espacios gordos y medianos, pero a mi siempre me acaban faltando espacios finos, los vulgarmente conocidos como espacios de “pelo”. Y por eso, gracias por reivindicar la medida tipográfica y hacernos reflexionar sobre el menospreciado espacio.

  • Rodolfo comentó el 16 marzo 2014 a las 10:43 :

    Desde luego esa frontera de lo analógico a lo digital Paco viene “al pelo”, esa línea de espacio no se ve igual, no hay contacto táctil. La inmediatez y urgencia no permite reflexionar y concentrarse el tiempo como para coger cariño a la misma composición. El ojo se distrae, se ve el bosque por urgencia y no las hojas. Un cajista dedicaba horas a componer, aunque suene romántico se concentraba mucho más, le dedicaba tiempo a armar con la mano las palabras letra a letra, línea a línea, los bloques, la rama que montaba con cariño, hacía pruebas antes de imprimir, las revisaba una y otra vez, no solo por errores sino por su propia elegancia, aquello debía funcionar y también estar bien al ojo y lo mecánico físico. El mero hecho de poner la palma de la mano encima y sentir la rama completa antes de colocar la rama es un rito para el tipógrafo, parece la obra concluida, pero no es el inicio.
    Para la nostalgia también la gente se acostumbra en esta inmediata urgencia a lo basto, la palabra urgente en una pantalla…mucho ruido, luces y sombras virtuales y poco amor a las letras, razón de nuestra existencia profesional como diseñadores gráficos que vivimos las dos épocas la analógica y la digital.

  • Fernando comentó el 22 octubre 2014 a las 13:01 :

    Siento disentir, Rodolfo. Por mucho amor a las letras que se tenga y se dedique a la composición de un texto, poco cariño romántico se puede poner si a un maquetador le dan menos de una semana para componer un libro de 500 págs. Y menos aún cuando las instrucciones y correcciones ortotipográficas exigen sin excusa que se eviten todas las viudas, huérfanas, guiones más de dos, calles, ecos, fines de párrafo partidos o cortos, palabras partidas a fin de caja, particiones de nombres, etc., lo que obliga a forzar la composición hasta extremos aberrantes.
    El diseñador o maquetador puede tener toda esa sensibilidad y amor al trabajo, pero el hecho de no dedicar todo ese tiempo sosegado que reivindicas no es por falta de cariño a la composición, sino porque casi ningún proyecto permite disponer de los tiempos y condiciones necesarios para mimar un trabajo.

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