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La nomenclatura tradicional de los tamaños de las letras

Enviado por el Sábado, 12 febrero 2005Un comentario

Antes de nuestra época de cajistas digitales, de que tuviéramos el problema de elegir entre puntos pica, didot o milímetros, hubo un tiempo en que los impresores se entendían en un lenguaje aproximado de tamaños que procedía del mismo origen de la imprenta. Aún hay impresores de toda la vida a los que les suenan términos como «Breviario», «Entredós» o «Parangona», aunque empezara a dejar de usarse en 1765, cuando Fournier le jeune propuso su sistema de puntos. El rigor y la regularidad lo impusieron en la primera industria moderna, la del libro, y la terminología fue perdiendo uso. Sólo se conservó en antiguos libros profesionales, o en diccionarios exhaustivos. El Espasa en su edición de 1924 nos da la puntillosa lista de equivalencias con otras lenguas, y el historiador y teórico de la imprenta Serra y Oliveres, otra versión aún más próxima en el tiempo a aquella época, y quizá por ello más fiable.

En la lista de nombres observamos ciertas regularidades, como la predominancia del tema religioso, la abundancia de términos adaptados de otras lenguas o ciertos nombres tomados de autores: de ellos podemos adivinar la cultura de una época –el Renacimiento- religiosa, humanista y clasicista. Varias cosas debemos saber de esta nomenclatura:

A las equivalencias de los tamaños con los sistemas de puntos son aproximadas, no exactas ni uniformes.

B los nombres podían designar tamaños distintos en cada país.

C no se puede saber a ciencia cierta el tamaño de una letra a partir de un impreso hecho con ella, por la mengua del papel (se imprimía con el papel húmedo), y por los interlineados inexactos. En cambio, un mismo tamaño de letra en un mismo fundidor, aún en clases o familias diferentes de letras, podía tener el mismo tamaño, porque muy probablemente usara el mismo molde.

Lo que es cierto, según nos aclara Stanley Morison en su libro Letterforms, es que los tamaños de los cuerpos no estaban unificados en Europa ya que uno de los fallos de los diseños tipográficos franceses del siglo XVI al ser fundidos por las fundiciones alemanas, era que al ser los tamaños de los cuerpo alemanes mayores que los franceses las letras no ocupaban todo el cuerpo, lo que provocaba una mayor necesidad de papel para ser impresos.

Los nombres tienen a menudo su explicación, en general tradicional, perteneciente a veces a cierta mitología de lo impreso. Breviario, Misal o Canon eran precisamente los tamaños a que iban estos impresos religiosos.
Parangona, Lectura, Texto y Glosilla evocan más las actividades relacionadas con la cultura del libro, especialmente la impresión, aunque no de un modo tan evidente: ignoramos de qué modo la Parangona servía para «igualar». Los tamaños pequeños evocan el meticuloso trabajo joyero de los grabadores de punzones, cierta arbitrariedad y la permanente influencia de Francia: Diamante, Perla, Parisiena, Nomparela, o Nomparell (del francés non pareille, impar o desigual) y miñona (de mignone, preciosa o «mona»).
Atanasia se refiere al primer libro impreso en este tamaño, la Vida de san Atanasio. Al mismo tamaño va el grado San Agustín, con el que fue compuesto uno de los libros de este santo. Ambas atribuciones son tradicionales. Cícero, único de los restos de esta nomenclatura que subsiste, porque coincide con el tamaño de doce puntos tipográficos, una de las bases del sistema de Fournier, fue el tamaño en que se imprimieron las Epístolas Familiares de Cicerón (Cicero en latín), en Roma en 1467, por los impresores alemanes Sweinheim y Pannartz.

No es nuestra intención resucitar viejos usos, en una época que por suerte no conoce el saturnismo como enfermedad profesional de los tipógrafos, y en que el propio escritor es de alguna manera el linotipista, seguramente más para bien que para mal. Sin embargo, el conocimiento de la cultura remota de las profesiones del libro es la base sólida de cualquier progreso.

Nomenclatura de los tipos de letra según
Antonio Serra y Oliveres
«Manual de la tipografía española, o sea arte de la imprenta».
Madrid 1852

Ignacio Rómulo
Investigador y tipógrafo
y Dimas García
Diseñador gráfico e historiador de la tipografía

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Un comentario

  • jio 4g voice comentó el 2 marzo 2017 a las 2:20 :

    En la lista de nombres observamos ciertas regularidades, como la predominancia del tema religioso, la abundancia de términos adaptados de otras lenguas o ciertos nombres tomados de autores: de ellos podemos adivinar la cultura de una época –el Renacimiento- religiosa, humanista y clasicista. Varias cosas debemos saber de esta nomenclatura:

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